El  gran  final

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

Con La Habana repleta de norteamericanos por varios meses lleva el tirano de Cuba, Fidel Castro, atendiendo a personalidades políticas y empresarios de una manera exagerada, constituidos por distintos grupos que se han ido turnando para cumplir fielmente el plan propagandístico elaborado por Fidel Castro cargado de rumores y engaños, lleno de malicia, norma que lo caracteriza; siguiendo la doctrina comunista de que “el fin justifica los medios”, se siente al parecer complacido de estar desempeñando con aparente humildad ser la víctima del largo “bloqueo” norteamericano.

La movilización debe haber costado millones de dólares y alguien debe de haber pagado por los cuantiosos gastos a los organizadores para complacer el narcisismo de Fidel que odia a Estados Unidos y a la democracia y oprime a un pueblo que sólo aspira a la libertad de expresión, a la libertad de religión, a la libertad de tener su propio negocio para subsistir civilizadamente, en fin, un país donde se respeten los derechos humanos y civiles, se celebren elecciones generales libres para elegir a los gobernantes y donde funcione libremente la economía de mercado.

Castro les dice a estos grupos de turistas oportunistas en busca de negocios que el “bloqueo” es responsable de la precaria situación del país, cuando en realidad el “bloqueo”es inexistente ya que Cuba puede comprar lo que necesite en cualquier parte del mundo y en lugar de hacerle llegar los alimentos y medicinas a la población, solamente estos productos pueden ser adquiridos por los turistas

La periodista Michelle Malkin ha escrito en The Miami Herald un artículo titulado: Un Torturador Encantador,  sobre un grupo de mujeres norteamericanas en La Habana donde ponen de manifiesto la insinceridad y las inexactitudes que expresaron a la prensa, “Ellas –dice el artículo- se excedieron en adulaciones y lisonjas a Castro la cabeza de uno de los gobiernos más represivos del mundo, calificado por el Departamento de Estado de Estados Unidos como protector del terrorismo. Claro que Castro dedicó gran tiempo en atenderlas. Por ejemplo, Susan Jeffords, de la Universidad de Washington lo encontró “encantador”. Fidel Castro conversó varias horas con la senadora María Cantwell, D-Wash., y hasta la acompañó en su propio Mercedes Benz hasta el aeropuerto. Connie Niva, una de las Delegadas, dijo: “Ha sido un viaje admirable, usted no siente que está en un país dictatorial”, agregando “los cubanos viven en pobreza, pero están alegres”… Ellas deberían conocer el informe de 52 páginas -apuntó Michelle Malkin- de nueve cubanos presentado en Bélgica por crímenes contra la humanidad, figurando  entre los firmantes Eugenio Sosa Chavau, fallecido recientemente que fue sometido a 14 sesiones de electro-shock por un enfermero, Heriberto Mederos, a quien descubrió en Miami inclusive disfrutando de la ciudadanía americana y fue arrestado por obtener la ciudadanía ilegalmente y está libre bajo fianza de $500,000 pendiente del juicio que ha sido señalado para el mes de julio 2002

Para cortar radicalmente la ola de rumores y comentarios de algunos medios de información “liberales” originados en Cuba, siguiendo el plan del gobierno comunista, y sobre todo en cuanto a supuestas negociaciones secretas entre Washington y La Habana, Pablo Alfonso comenta en El Nuevo Herald la declaración enviada a ese periódico por escrito de la Casa Blanca, que dice así: “El Presidente se opone a cualquier intento de debilitar las sanciones contra el régimen de Castro hasta tanto respete los derechos humanos básicos de sus ciudadanos”. “Continuaremos manteniendo las presiones políticas, diplomáticas y económicas sobre el régimen de Castro”. Fidel Castro ha disminuido su retórica antinorteamericana desde que inició su plan, ahora espera que el Congreso estadounidense, en el nuevo período de sesiones que se inauguró esta semana, examine en su agenda los proyectos que favorecen la normalización de relaciones diplomáticas con Cuba y la suspensión de la prohibición vigente para que los ciudadanos norteamericanos puedan viajar a la isla.

Ambos proyectos según las recientes declaraciones de la Casa Blanca si fuesen aprobados serían vetados por el Presidente George W. Bush.  Castro sabe que Estados Unidos conoce lo comprometido que él está con el terrorismo internacional y eso saldrá a la luz a su debido tiempo. Este esfuerzo de Fidel Castro constituye su empeño final antes de su inevitable derrumbe entonces será cuando los rayos de luz de la Libertad, que es tan hermosa, iluminen los campos, las ciudades de Cuba y los rostros de sus mártires.

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1/28/02

 

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