Fidel Castro en Monterrey

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

Más de 50 jefes de Estado se reunieron en Monterrey, México, lo que se ha llamado la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Financiamiento para el Desarrollo, constituyéndose en un verdadero un éxito pues los países ricos se comprometieron en aumentar su ayuda a las naciones pobres, que abran su economía, luchen contra la corrupción y respeten los derechos humanos. El presidente George W. Bush anunció un aumento de 5,000 millones de dólares en ayuda exterior en los próximos tres años y la Unión Europea ofreció 4,000  millones anuales.

         “Debemos vincular una mayor ayuda a las reformas políticas, legales y económicas” declaró el Presidente Bush ante los líderes mundiales en la Conferencia,  en busca de nuevas estrategias para ayudar a los pobres a salir de la miseria, en momentos en que la atención global se ha enfrascado en la lucha contra el terrorismo.

         En Consenso de Monterrey ha logrado algo bueno en esta reunión cumbre. Tan es así que “solamente hace unas semanas, esta cumbre estaba destinada al fracaso”, enfatizó el jefe del gobierno español José María Aznar, “por lo tanto, tenemos razones para estar satisfechos”, concluyó Aznar.

         La nota discordante a tan magno y humanitario empeño la dio el tirano de Cuba, Fidel Castro, quien abandonó Monterrey después de hablar unos 7 minutos en la Conferencia calificando al sistema económico mundial como uno de “saqueo y explotación como no ha existido jamás“ y lo tildó de “gigantesco casino”. La inesperada y abrupta salida del dictador dejó perplejo a todos los asistentes. El presidente de México  Vicente Fox declaró a la prensa que un día antes de la Conferencia, recibió por la noche, una carta de Fidel Castro notificándole que asistiría a la cumbre y que el retorno hacia La Habana lo sorprendió, es decir, el presidente mexicano no alcanza a comprender la actitud de Castro. Fidel llegó a México el miércoles 20 del 2002  por la noche, pronunció un corto discurso en la sesión plenaria del jueves y luego anunció que se retiraba a su país debido a “una situación especial” surgida por su participación en la cumbre.

         El gobierno cubano, por otra parte, acusó a México de ceder ante las presiones de Estados Unidos para que Fidel Castro no participara en la reunión de presidentes paralela a la Conferencia Internacional para la Financiación del Desarrollo. El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, quien presidió la delegación cubana tras la intempestiva salida de Castro, indicó que “funcionarios mexicanos muy autorizados nos comunicaron antes de la conferencia de las presiones de Estados Unidos para que Cuba no participara”. Alarcón reveló a un grupo de periodistas que el canciller mexicano, Jorge Castañeda, sabía de esto el jueves cuando negó  que hubiera existido presión, añadiendo que las declaraciones del canciller mexicano eran “fundamentalmente falsas. El lo sabía y sabía que Cuba lo sabía”. Según Alarcón, el gobierno mexicano le impidió asistir a un “retiro”en el que los mandatarios se reunieron con el Presidente George W. Bush para hablar sobre nuevos métodos de financiar el desarrollo de los países pobres.

         “Estados Unidos puso precio a la Cumbre de Monterrey, y el gobierno mexicano aceptó el trato. La moneda de cambio era Fidel”, dijo un airado editorial en el único periódico del país editado el día domingo, en La Habana, Juventud Rebelde, que es propiedad del Estado.

         El diario mexicano La Jornada pronostica que en los próximos días se sentirán las consecuencias del “encontronazo” entre México y Cuba, ya que, “trascendió que la embajada de México en Cuba pronto quedará vacante. La carta renuncia o de despido de Ricardo Pascoe (embajador mexicano en La Habana) fue redactada aun antes de la reunión de mandatarios en Monterrey”.

         Estados Unidos dice que no hubo presión sobre México. Lo mismo dice el presidente Vicente Fox. “Castro podrá hacer lo que quiera, pero yo no me siento cómodo con la manera que él trata a su pueblo”, dijo Bush.

         Castro abandonó la Conferencia lleno de odio y de rencor, se le reflejaba en su rostro, creo que interiormente al analizar el motivo de la Cumbre y su fracaso de 43 años

gobernando a un pueblo otrora próspero y trabajador convirtiéndolo en un país lleno de miserias, angustias y corrupción que vive bajo el terror y la brutal dictadura de un sistema fidelo-comunista debió sentirse muy fuera de lugar dentro de un grupo de mandatarios elegidos democráticamente por sus conciudadanos.

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3/25/02

   

 

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