Carter: retorno vacío

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

Insisto en que el  ex presidente de Estados Unidos James E. Carter no debería haber visitado al tirano de Cuba, Fidel Castro en su madriguera. Su “alta estatura” internacional no le autoriza tratar de legitimar un régimen que él muy bien conoce es un enemigo público de Estados Unidos, es un terrorista internacional que ha plagado de guerrillas comunistas a toda la América Latina, ha llevado la guerra al Africa, donde más de diez mil cubanos ofrecieron sus vidas peleando por una causa que desconocían, que solicitó de Nikita Kruschev  lanzara una bomba atómica sobre la ciudad de New York cuando la crisis de los cohetes, que mantiene a 11 millones de cubanos viviendo como esclavos, no ha cumplido ninguno de los acuerdos firmados en las distintas Cumbres de Presidentes efectuadas durante estos 43 años que lleva ejerciendo el poder absoluto, pues la nación no ha cambiado un ápice en su ritmo de terror y opresión condenado por la constante violación de los derechos humanos, donde miles de fusilados injustamente reclaman justicia y reivindicación en nombre de la justicia y la razón; en fin, que Fidel Castro es un gobernante perverso que merece ser juzgado por asesino por un tribunal internacional competente. ¿Y con estos antecedentes qué fue a buscar Jimmy Carter a Cuba? Si analizamos sus palabras frente a Fidel Castro en la Universidad de La Habana, todo lo que le dijo lo ha vivido y sigue padeciéndolo el pueblo; aunque sí tenemos que darle buen crédito porque logró romper la densa cortina de protección que llevan manteniendo los medios de comunicación internacionales en su defensa. Todo el mundo conoció muchos aspectos desconocidos de la actuación de Fidel Castro en el poder.  “Hay algunos que piensan –dijo Carter- que los Estados Unidos termine el embargo, y hay otros en mi país que creen que la respuesta  es que el presidente de Cuba deje el poder y permita elecciones libres. No hay duda que este asunto merece una evaluación más profunda”. Añadiendo, “he vuelto a revisar la compleja historia (preparándome para mis conversaciones con el presidente Castro) y he comprendido que no hay respuestas sencillas”.  “Debido a que los Estados Unidos es la nación más poderosa, somos nosotros los que debemos dar el primer paso”. (Es decir, entregarse a Castro sin condiciones). “En primer lugar –señaló- , tengo la esperanza de que el Congreso de los Estados Unidos pronto actuará para permitir viajar a Cuba sin restricción entre Estados Unidos y Cuba, establecer relaciones de comercio abiertas y revocar el embargo”.  Cuba, continuó diciendo Carter, tiene intercambio comercial con más de 100 naciones, puede comprar medicinas a mejor precio en México que en Estados Unidos. En segundo lugar tengo la esperanza que ambos países puedan resolver las disputas relativas a derechos de propiedades antiguas que  han durado cuarenta años y muchos cubanos que huyeron de la revolución mantienen un apego sentimental por sus casas. (Es un derecho que nos asiste, pues Castro se las robó expulsando a los legítimos dueños sin pagarles ninguna compensación). Hay cubanos en la Florida que siguen molestos en relación a su salida y sus familias divididas, tenemos que definir un futuro que pueda servir como puente de reconciliación entre Cuba y Estados Unidos. Cuba firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, se basa en premisas muy sencillas: todos los ciudadanos nacen con el derecho a escoger sus propios líderes, de definir su propio destino, de hablar libremente, de organizar partidos sindicatos y grupos no gubernamentales, y tener procesos legales abiertos. Cuba ha adoptado un gobierno socialista que no se permite que el pueblo organice ningún tipo de movimiento de oposición. Su constitución reconoce la libertad de expresión y de asociación, pero otras leyes niegan estas libertades a aquellos que no están de acuerdo con el régimen. He sido informado que un  esfuerzo conocido como el Proyecto Varela ha logrado suficientes firmas para presentar una petición ante la Asamblea Nacional para que autorice un referéndum. Cuando los cubanos ejerzan este derecho para pacíficamente cambiar sus leyes mediante un voto directo, el mundo verá cómo los cubanos y no los extranjeros quienes decidirán el futuro de este país. (El pueblo desconocía el Proyecto).

          Cuba tiene un extraordinario sistema de cuidado de la salud y de educación universal, pero el mes pasado la mayor parte de los gobiernos de América Latina se unieron a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para solicitar que Cuba cumpla con las normas universalmente aceptadas referentes a las libertades civiles, quisieran que ustedes permitan al Comité Internacional de la Cruz Roja que visite las prisiones y que reciban al Comisionado de las Naciones Unidas para que examine temas como el de los prisioneros de conciencia y el trato a los reclusos.

          En verdad la visita benefició a los cubanos, sus palabras reafirmaron en el mundo entero las verdades y abusos contra el pueblo cubano que por años el exilio ha proclamado sin cansarse y sin ser escuchado y representan un duro golpe para Castro que ha destruido todavía más su poca credibilidad ante su pueblo y el mundo libre y democrático. Lo cierto es que Jimmy Carter pasó unos días en La Habana como un turista más, pudo ver lo que Castro quiso que viera lo recibió vestido de civil, recorrió La Habana Vieja con Castro vestido de guayabera, asistió a un juego de pelota y ambos se vistieron de peloteros y lo despidió con el uniforme de Comandante en Jefe y antes que despegara el avión le espetó a la prensa: “De cambios nada”. Esa fue su respuesta. Carter regresó con las manos vacías…

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5/21/02

  

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