Negociando con el enemigo

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

El título de este artículo corresponde a un editorial que, para sorpresa y satisfacción de más de dos millones de cubanos exiliados de la tiranía castrista, publicó The Miami Herald , en inglés, el domingo 22 de septiembre de 2002 y el cual tiene un subtítulo que dice: “No salvemos a Castro otra vez”.

          Este responsable y documentado editorial es el eco de la voz de los patriotas cubanos que llevan más de 43 años alertando al mundo de las fechorías y barbaridades de Fidel Castro contra su pueblo y se publica en el momento oportuno en que en el Congreso de Estados Unidos se levantan voces con el fin de legislar sobre el ablandamiento de las restricciones impuesta a Cuba por el embargo al efectuar la expropiación sin la debida compensación a los legítimos dueños de las propiedades y empresas norteamericanas radicadas en Cuba en 1962 por valor de 1.8 billones de dólares. Por eso reproducimos en nuestro espacio semanal en  Acción, los párrafos más sobresalientes del referido editorial, reiterándole a la Dirección y al staff  de The Miami Herald  nuestro reconocimiento y nuestras gracias a nombre del exilio y el pueblo cubano esclavo.

          “Con legislación pendiente en Washington para suavizar el embargo de Estados Unidos contra el régimen cubano, y un nuevo esfuerzo dirigido por los agricultores lobistas para abrir el comercio con Cuba, nosotros no debemos cometer el error de lanzar  una línea de vida a Fidel Castro sin estar seguro de que nuestra política ayudaría a establecer la democracia en Cuba. El Presidente Bush tomó esta posición en su discurso el 20 de mayo en Miami. Es correcta para los Estados Unidos y es correcta para la gente en Cuba”.

          “Compromisos económicos como un camino para reformar a Fidel Castro no es nada nuevo. Muchas democracias capitalistas como Francia, España,  México,  Venezuela,  Japón y Australia lo han estado haciendo por años –con ningún cambio perceptible en Cuba. Nosotros no debemos repetir esos errores. Al principio cuando Castro estuvo exportando la violencia, sangrienta revolución a través del hemisferio, el embargo tuvo la intención de castigar y contener a Fidel. Esto fue también dirigido a la Unión Soviética, costándole a los soviéticos miles de millones de dólares en ayuda a Cuba. En este aspecto el embargo fue exitoso”.

           “Cuando la Unión Soviética colapsó y el subsidio económico que mantenía a Cuba artificialmente todos esos años cesó, el embargo ganó una nueva misión: comenzó seriamente a exprimir a Castro. La economía comunista cubana se desplomaba y, enfrentando un fuerte descontento dentro de Cuba, el embargo obligó a Castro a confrontar un serio dilema: reforma o muerte. Solo entonces escogió implementar cambios rudimentarios en la economía controlada por el Estado, permitiendo pequeños negocios, la dolarización y otras pequeñas reformas orientadas al mercado. Ahí fue cuando Castro logró la ayuda de los países democráticos capitalistas para salvar su régimen. No obstante las objeciones de Estados Unidos muchos aliados de los Estados Unidos prefirieron normalizar las relaciones antes de aislar o presionar a Castro. Docenas  de países, cientos de compañías comenzaron a negociar con el régimen de Castro. Después de más de una década de comercio extranjero Cuba no se ha democratizado o reformado la libre empresa y las ganancias reales han sido muy pocas. Pero sí ayudó a estabilizar el régimen. Cuando la economía libre floreció en 1996 Castro la paró, cambiando y revocando las nacientes reformas, restringiendo con dureza a los disidentes”.

           “Cuba no puede ser inundada con productos capitalistas porque Castro controla la llave. Si fuera posible habría super mercados mexicanos, cadenas de restaurantes canadienses y tiendas francesas de servicio rápido en La Habana. Pero no las hay. ¿Por qué? Porque el régimen no lo permite. Los cubanos siguen viviendo de la libreta de racionamiento en una economía donde el dueño es el Estado, mientras que los países inversionistas tratan de negociar las cuentas a cobrar y pagos de prestamos incumplidos. Algunos europeos y canadienses están abandonando la isla o ajustando sus contratos de negocios. No obstante,  cuando Castro otra vez está afrontando una crisis que pudiera minar su régimen, algunos americanos quieren “explorar oportunidades”de hacer negocios con Cuba. Delegados en esos festejos que van a Cuba, incluyendo  el  Gobernador de Minnesota, Jesse Ventura, deben comprender que, en esta ocasión, negociar con Castro solamente apuntalaría su régimen“.

           “El Congreso debe ignorar llamadas unilaterales solicitando suavizar el embargo y permitir que el Dinero Americano financie la represión. El embargo debe ser mantenido hasta que Cuba ofrezca democracia y reformas económicas del tipo que ha indicado el Presidente Bush, incluyendo el requisito de que a las corporaciones estadounidenses se les permita pagar directamente a los trabajadores cubanos. Pero si el Congreso va a tocar el embargo, lo debe hacer agregando condiciones parecidas al África del Sur “los principios de Sullivan”, demandando libertad económica que, si es negada, volteará las mesas sobre Castro como se hizo con el régimen apartheid”.

          “Vamos ayudar a conducir a Cuba dentro de la comunidad de naciones libres antes de comenzar a hacer negocios allí”.

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9/22/02

         

 

  

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