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La agonía del castrismo
Por
Francisco H. Tabernilla
Para nadie es un secreto la incoherencia de Fidel Castro, quien ha perdido
facultades ante su círculo íntimo y su propia familia al verlo convertido en
una persona fácilmente manejable, de ahí la preocupación que existe en
diferentes círculos de la vida del país que observan su decadencia física y
mental. En el pueblo se nota un vacío que manifiesta claramente que Fidel
Castro no está ejerciendo el mando a plenitud.
La agonía del castrismo hace
meses que comenzó. Cuánto durará el régimen comunista depende en parte del
exilio cubano cuando paren las “visitas de gusanos turistas” a Cuba y cuando el
exilio deje de enviar a Cuba los cientos de millones de dólares que remite
anualmente para mantener a sus familiares. Sé que es una decisión dura y
amarga, pero quien le iba a decir a Fidel Castro que los “gusanos”, los
compatriotas que él expulsó de su patria y les confiscó sus propiedades iban a
ser la tabla de salvación en una situación desesperada como la que está pasando
la nación por su culpa y que cada día se hace más crítica.
La democracia, a favor de
ella y esperando por ella el pueblo cubano se ha sometido al poder personal
ejercido por el dictador Fidel Castro, encumbrado por ese mismo pueblo a los
albores del triunfo de la revolución comunista que llegó al poder disfrazada de
oveja y miles de promesas para enardecer a los incautos que fueron cayendo en
la trampa y el engaño, pero cuando vinieron a darse cuenta de la magnitud del
problema ya eran esclavos y si no se sometían a cumplir con la “Constitución
comunista de 1976” que ignora a Dios irían
a parar a la cárcel o al destierro. La
“revolución”que se suponía tenía una misión mucho más concreta y circunstancial
resulta que se ha prolongado por una etapa de 44 años de poder absoluto y
dictatorial que, ha capricho, ha destruido a un país feliz y próspero.
El pueblo cubano no quiere
ni acepta un cambio concebido para garantizar la continuidad del régimen
comunista ya que esto no sirve para acometer el cambio democrático que demanda
el interés de la nación, por eso el pueblo cubano está pidiendo por todos los
medios a su alcance, a falta de cauces legales, sus ansias de manifestar su
voluntad. Debemos mencionar la soledad del exilio y su sacrificio histórico y
generoso para defender el retorno a la democracia. También a nuestros mártires,
los miles de fusilados, los que han perecido en el estrecho de la Florida, los
prisioneros políticos y el constante sufrimiento de todo un pueblo hambriento y
desesperado.
Fidel Castro ha inventado
las reglas para su sucesión, pues de hecho se sabe que a él sólo le preocupa su
historia, la de un simple dictador pendiente de su responsabilidad ante la
historia, importándole poco los que le ayudaron a mantenerse en el poder
cometiendo toda clase de arbitrariedades. Los que apoyan al actual régimen que
está llegando a su fin y quieren prolongarlo incurren en una inmensa
irresponsabilidad histórica, pues el país está en trance de ser llevado a una
irreparable catástrofe.
Sólo la democracia tradicional puede ser el
instrumento de paz y de concordia para reconciliar a los cubanos: sólo ella
puede obtener el respeto en el exterior mediante un efectivo Estado de Derecho,
y realizar una armoniosa síntesis del orden y la libertad en que se basa la
concepción jurídica del Estado. Millones de cubanos de las más variadas
ideologías ven en la Democracia la única institución salvadora.
La Democracia es la única capaz de garantizar la
religión, el orden y la libertad y ejecutar las tareas primordiales de un
Estado soberano. Constitución, que bien pudiera ser la de 1940, la más
progresista del mundo, con algunas modificaciones ajustadas a los tiempos en
que vivimos. División de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Amplia
amnistía política; más justa distribución de la riqueza; la supresión de los
distintos contrastes sociales contra los cuales no sólo claman los preceptos
cristianos, sino que están en flagrante y peligrosísima contradicción con los
signos político-económicos de nuestro tiempo.
Cuba se desgarra de dolor y de miseria, cuanto
antes sea eliminado el régimen comunista y todo su aparato represivo y de
espionaje mejor, el resurgimiento de la Democracia le dará vida y prosperidad y
volverá a ser un pueblo feliz y trabajador donde la primera ley de la República
sea la dignidad plena del hombre como lo proclamara nuestro apóstol de la
Independencia: JOSE JULIÁN MARTÍ Y PÉREZ.
Continuidad del régimen comunista con diferente collar ¡NO! Democracia ¡SÍ!
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