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INFIERNO EN UNA PRISIÓN
CUBANA
Por
Francisco H. Tabernilla
El Papa Juan Pablo II se sumó a la protesta
internacional que pide clemencia para los 75 disidentes cubanos. El Vaticano
pidió “un significativo gesto de clemencia” y expresó su “profundo dolor” por
la ejecución el 11 de abril de tres secuestradores de un ferry de pasajeros
condenados sumariamente mientras se hacían públicas las sentencias contra los
opositores. Simultáneamente, más de tres mil personas se congregaron en España,
en la madrileña Puerta del Sol protestando contra la ola represiva desatada
este mes en Cuba por el régimen de Fidel Castro.
El
filósofo vasco Fernando Savater dio lectura a un
texto del escritor peruano Mario Vargas Llosa pidiendo la expulsión de los diplomáticos cubanos de la comunidad
internacional. “Hay que pasar a la acción”. “Es fundamental que los gobiernos
democráticos tomen la decisión de reducir substancialmente la presencia
diplomática de la dictadura en sus países”, leyó Savater.
“Frente a la dictadura cubana debe hacerse lo que en su momento se llevó a cabo
con gran eficacia frente al régimen racista de Sudáfrica”. Solicitó también que
sean expulsadas las representaciones de Cuba “de todos los organismos
internacionales, como la Cumbre Iberoamericana y el Acuerdo de Cotonú”.
Por
considerarlo de gran importancia a continuación leerán párrafos extractados de
una carta del disidente Juan Carlos González Leyva,
que es ciego, desde su prisión en
Holguín, provincia de Oriente, grabada por su
esposa la Sra. Margarita Calderón y recientemente presentada a la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra, está dirigida a Sylvia Oriondo (Madres y Mujeres
contra la Represión): “Después de 13 meses en prisión no he sido juzgado ni
sentenciado por ninguna corte no obstante lo esfuerzos que se han hecho para
persuadirme a mí para que traicione a Dios, los derechos humanos y colabore con el gobierno.
Desde
la mitad del mes de diciembre, la Seguridad del Estado usó al prisionero Joel
Pardo de la Torre (así es como él se llama asimismo) para tirar en mi celda una
substancia como
polvo de aserrín que produce una sensación de ardor en la piel y las fosas
nasales, gran cantidad de flemas e inflamación bronquial. Esta situación
continúa.
Desde enero ellos han añadido otra substancia al
aserrín que me tiran a mí. Esta da la sensación de que millones de insectos
estén constantemente corriendo sobre mi, me causa una
gran inflamación y no me deja dormir. Yo no se si esto es una substancia biológica
o un agente químico; pero sé que no son insectos, porque cuando me toco la piel
en la piel no hay insectos que pueda sentir o palpar, aunque la sensación es
palpable. Normalmente la ducha de
aserrín es una ocurrencia diaria. Ayer comenzó a las 6:00 p.m., cuando estaba
de rodillas rezando, la sensación es que
una multitud de insectos llegan de pronto a mi cara y a mi cuerpo. Esto
continúa hasta las 2 o 3 de la mañana.
El preso me sigue adonde yo vaya. Tengo que comer
de un jarro y lo tengo que mantener cubierto en todo tiempo, porque sino me
tira la substancia que provoca nausea en mi comida. Algunas
veces siento como cadenas amarradas a mi cuerpo y el peso del mundo en mis
hombros: creo que me voy a desmayar, que no puedo seguir más. Le rezo a Dios
y Jesucristo me da la fuerza. Es una
lucha constante y una tortura constante…
En febrero primero coloqué un colchón al frente de
mi celda frente a las barras de metal para poder coger aire fresco. El oficial Fabú, jefe de unidad, tiró el colchón lejos de mí y a mí me
lanzó al suelo, me cogió por el cuello y me arrastró. Me dijo, si quería
dormir, durmiera en el suelo con la suciedad de los zapatos de otros presos,
cucarachas, hormigas, ratones, etc.Una noche me
tiraron tanta substancia en mi celda que daba la sensación que las paredes
estaban hirviendo. La substancia causó un dolor agudo
en mis ojos, fue tan severa que parecía que mis ojos iban a saltar. Todos los
días el jefe de unidad me amenaza con la muerte si continuo
con mi huelga de hambre en protesta por los ocho años de prisión. No me
permiten hablar con mi abogado, no tengo ninguna asistencia religiosa o acceso
a cualquier información. Sólo me es permitido escuchar la “mesa redonda” y las
noticias del gobierno. Puedo decir que el infierno existe y Satán muestra aquí
sus diferentes caras.
Si
algún prisionero tiene una crisis le inyectan tranquilizantes y no son movidos
hasta que son forzados a confesar sean culpables o no. Este es un mundo triste,
nadie lo puede reconocer a no ser que lo haya vivido aquí de primera mano…
` Yo
creo en Dios y en Nuestro Señor Jesucristo y le pido me de fuerzas para
enfrentar cualquier situación ya sea vivir entre el mugre como vivo ahora o
morir y conocer al Señor y a mi Dios”. (Juan
Carlos González Leyva).
Este es un caso de los miles
que han sucedido y suceden en la Isla Esclava bajo la indiferencia cómplice de las naciones
del mundo. Algún día se sabrá la realidad vivida por el pueblo cubano en estos
44 años de angustia y dolor…porque la verdad siempre se abre paso y resplandece.
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