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Celda No. 31
Por
Francisco H. Tabernilla
A continuación
transcribo un comentario del estimado compatriota Julio Estorino, incansable luchador por la libertad de Cuba,
quien, desde la estación de radio La Poderosa, de Miami, nos regala diariamente durante el espacio “A
Primera Hora. La Revista de la Mañana” su esperado comentario CANTA
CLARO, a las 7:45 a.m. La referida información fue trasmitida por
teléfono a CubaNet News, Inc., ya que el
régimen de Cuba controla el acceso a Internet. Manuel
Vázquez Portal fue arrestado durante la reciente ola represiva desatada por
Fidel Castro, el Tirano de Cuba, contra la sociedad civil. Fue juzgado en
juicio sumario y condenado, bajo la Ley 88 (ley mordaza) a 18 años de prisión.
Fundador
de la Agencia de prensa Decoro, que luego se convertiría en Grupo de Trabajo
Decoro en 1999, Vázquez Portal escribe como periodista independiente desde
principios del movimiento. CubaNet comenzó a
distribuir sus crónicas –bajo el seudónimo literario de Pablo Cedeño- en 1995, mientras se encontraba en prisión. Sus
artículos –firmados por Pablo Cedeño y Manuel Vázquez
Portal- se comenzaron a publicar en CubaNet en agosto
de 1997, cuando salió en libertad.
CANTA
CLARO comenzó así : “CÁRCEL DE BONIATO, Santiago de
Cuba, junio. La celda (No. 31) tiene un espacio de aproximadamente
metro y medio de ancho por 3 metros de largo. Puerta de barrotes semitapiada con una plancha de acero. Una ventana de
barrotes que mira a la parte Este del edificio. Entran por ella el sol, la
lluvia y los insectos. Una litera fabricada con cabilla corrugada, un tablón de
bagazo prensado y un colchón de guata dura, sucia y vieja. El retrete es una
taza turca, sin sifa que regurgita la fetidez las 24
horas. Ahí mismo, en la parte superior,
una llave de agua para lavarse y beber. No mesa, no silla, no estante para los
objetos personales. No sábana, no almohada, no mosquitero, no frazada. No
radio, no televisión, no prensa, no libros. No cubiertos, no vaso o jarro. Todo
plástico y traído por los familiares. No toalla. Violan la privacidad de la
correspondencia. La celda se inunda todos los días con las aguas residuales del
pasillo. El techo desconchado tiene filtraciones y cuando llueve gotea
abundantemente. El edificio está rodeado por un muro de entre 8 a 9 metros de
altura. A esta parte del penal le llaman “Boniatico”;
es la sección dedicada a mayor severidad. Aquí están los condenados a cadena
perpetua y pena capital, hay también algunos “sidosos”.
Como el edificio tiene más de 60 años de construido abundan las alimañas, todo
un zoológico: ratas, cucarachas, alacranes, hormigas de varios tipos, moscas,
mosquitos.
Nos
sacan apurados al patio una hora al día. Nos quitan las esposas en el patio y
nos las vuelven a poner para regresar a la celda. También para recibir los
medicamentos nos llevan esposados. Los sábados y domingos no brindan patio. Pasamos
casi 60 horas sin salir de las celdas.
Las
comidas son casi indescriptibles. Un esfuerzo de la imaginación y la
investigación. Desayuno: pan (no he podido adivinar con qué lo fabrican) y chorote, una aportación lingüística y culinaria. Esto es
harina de maíz tostada y luego cocinada con abundante agua y azúcar. Ninguna de
las dos cosas las como. Almuerzos: Sopa (agua, harina de trigo y alguna hierba
irreconocible). Arroz o harina de maíz o coditos en cada caso sin grasa ni
otros aditamentos. Estos se alternan los días de la semana alguna que otra vez
con picadillo de soya raras veces –o “sexo de vaca” (los presos lo nombran más
groseramente), que consiste en una pasta blanca –una especie de engrudo- hecha
a partir de harina de trigo y sustancias irreconocibles. Una o dos veces al mes
dan una llamada comida especial: un trocito de pollo, arroz, alguna vianda
–plátano burro-, y zambumbia, aunque le llaman café. Las cenas: lo mismo pero
en el horario de la tarde. Del resto del penal sólo he podido ver las
alambradas, los fosos, las garitas de guardias cuando me han llevado al
hospital para tomarme la presión arterial en dos ocasiones.
Los
guardias nos tratan respetuosamente porque nosotros hacemos lo mismo con ellos.
Sólo a Juan Carlos Herrera, el de Guantánamo, lo golpearon muy fuerte en un ojo
y lo conocí a través de la ventana que da al patio –solarium-
con la cara inflamada y amoratada. Manuel
Vázquez Portal”.
Recuerdan la entrevista
reciente de Castro en la Argentina: En Cuba no se tortura a nadie, ni se
mata a nadie, nuestro sistema debe ser modelo para las naciones… ¿Será atrevido
y mentiroso este aventurero terrorista internacional?
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