¿Cuál es el camino?

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

Las tácticas de Washington (la Casa Blanca) han empezado a cambiar. Según los analistas “de ahora en adelante, no es ni el Pentágono ni el Departamento de Estado los que van a mover la política exterior de Estados Unidos, sino Karl Rove, desde la Casa Blanca”, nos dice Moisés Naim, editor de la revista Foreign Policy, “ya que toda decisión e iniciativa de política exterior tendrá que pasar por el tamiz del proceso electoral, lo que pudiera pasar en el resto del mundo es secundario”.

          Es indiscutible que la vulnerabilidad de Estados Unidos en el extranjero es alarmante. Su poderío militar se encuentra bastante disperso, además de las realidades económicas. “No hay ni fondos ni soldados, ni armamentos, ni voluntad política para más aventuras en ultramar”, señala Naim.

          Sin embargo, el gobierno mantiene que no hay cambios deliberados. “Nuestras acciones se moldan a los hechos en cada caso y cada situación es distinta”, dijo a los Ángeles Times un funcionario del Consejo de Seguridad.

          No obstante, el reciente estudio del Departamento de Estado sobre Cuba que abarca su caótica situación económica, su deuda externa, la situación de los presos políticos, las acciones represivas y las actividades de espionaje en los EE. UU. tienen como condición que deben mantenerse políticas de línea dura con el régimen de Fidel Castro. En el informe se rechaza la idea de que una flexibilización de las políticas podría contribuir a una apertura en la isla, como aspiran muchos congresistas, sobre todo los que visitan frecuentemente al Tirano en su madriguera. Por el contrario una actitud menos dura sería como decir a otras dictaduras antiestadounidenses que no deben pagar ningún precio por privar de las libertades a sus ciudadanos. No debemos olvidar que el régimen comunista de Cuba ha comercializado y comercia con numerosos países del mundo y se ha caracterizado por no pagar las deudas que contrae, lo que implicaría que un levantamiento de sanciones económicas no sería otra cosa que subsidiar a un régimen dictatorial que no paga lo que compra. El Departamento de Estado rechaza categóricamente los argumentos de quienes alegan que el turismo estadounidense terminaría a la larga por ayudar a un cambio democrático en Cuba. “Si se permite el turismo norteamericano a Cuba, el régimen castrista seguiría la misma práctica de la antigua Unión Soviética en la Europa Oriental”, controlando el contacto de esos turistas con la población. Será un  mensaje equivocado a sus enemigos si flexibiliza  las sanciones, dice el informe entre otros puntos”:

          Que cualquier gobierno extranjero puede confiscar propiedades norteamericanas sin compensación.

          Instalar en su territorio misiles nucleares para amenazar a Estados Unidos.

          Ejecutar a miles de sus opositores políticos incluyendo a ciudadanos estadounidenses.

          Auspiciar el terrorismo y el antinorteamericanismo a través del mundo y esperar “eventualmente que Estados Unidos olvide, perdone y premie a ese régimen con turismo e inversiones”.

          En el capítulo dedicado al espionaje el Departamento de Estado cita el caso de Ana Belén Montes, analista de inteligencia del Pentágono. “ Que espió para Cuba durante 16 años en ese organismo. Además, menciona a los espías cubanos que integraban la llamada Red Avispa y los que, bajo cobertura diplomática, han estado espiando en Estados Unidos por largo tiempo”, subrayó el informe.

          Pero cómo vamos a olvidar, lo que el mismo informe nos señala: La deuda externa de Cuba equivale a $3,000 por habitante, citando como fuente al Banco Central de Cuba. El informe indica que la deuda externa de Cuba en divisas alcanzó la cifra record de $12,210 millones de dólares a fines del 2002 y añade, además,  que Cuba adeuda otros $1,000 millones de dólares en créditos comerciales que trata de renegociar con sus acreedores, sin contar con los aproximadamente $20,000 millones de dólares que debe a Rusia; $6,300 millones de dólares a ciudadanos norteamericanos cuyas propiedades fueron confiscadas en la isla y una cifra desconocida, pero importante, a ciudadanos cubanos que igualmente fueron despojados de sus propiedades.

          Por eso la labor patriótica del exilio digno  hay que reconocerla en todos los aspectos, ya que constituye el dique preciso para los vende-patria, comerciantes, aprovechados y oportunistas que florecen en los asuntos de honor.

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8/04/03

 

 

   

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