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Perdónanos Tío Sam
Por
Francisco H. Tabernilla
Querido
Tío Sam: Te estoy escribiendo para excusar las terribles cosas que los cubanos
hemos hecho viviendo aquí en los Estados Unidos. Déjame empezar conmigo, con mi
humilde súplica por perdón. Perdóname por ser muy cubano, muy español y muy
europeo y muy blanco. Yo sé lo doloroso que debe ser para tí tener un causcásco
hablando español viviendo en tu tierra. Y también te ruego que perdones a mis
hermanos y hermanas afro-cubanos por ser descendientes de Yoruba, del oeste de África,
una de las más altas y sofisticadas culturas de los grupos étnicos africanos.
No es su falta de que sean ambos inteligentes y hermosos, venciendo los
horrores de la esclavitud con coraje y dignidad. Tampoco existe malicia en su
habilidad de vivir en armonía con sus compatriotas blancos. Te pido que los
perdones por ser enteramente cubanos. A un nivel colectivo perdónanos por tener
una fuerza de trabajo ética, por ser educados y por disfrutar de un nivel económico de prosperidad. Perdónanos
por pagar los taxes y por cumplir las leyes. Sobre todo perdónanos por haber
servido en tus fuerzas armadas y por haber sufrido bajas en tu guerra de
Vietnam siendo desproporcionado el por ciento de acuerdo al número de cubanos.
Perdónanos por haber transformado a Miami de un pueblo dormido del sur de la
Florida a una metrópoli mundial. También perdónanos por haber contribuido con
billones de dólares a la economía norteamericana. Perdónanos por haber dirigido
grandes corporaciones americanas, como la Coca Cola. Perdónanos por no ser una
carga al servicio de bienestar social. Perdónanos por haber sido económicamente
confiados en nosotros mismos. Perdónanos por ser caritativos y por creer en la
igualdad y la justicia social. Perdónanos por ayudar a los nicaraguenses y a
los haitianos en el sur de la Florida.
Perdónanos
por nuestra contribución a ambas culturas, la popular y la alta. Perdónanos por
Desi Arnaz, Andy García, Gloria Stefan, Celia Cruz, Arturo Sandoval, Paquito
Rivera, y el club social Buenavista. Te aseguro que no significamos una ofensa
o daño al proveerte de tanto entretenimiento y placer. Perdónanos por artistas
como Ana Mendieta y Ernesto Pujol lo mismo que todos los intelectuales y
profesores que hemos dado a tus universidades. Perdónanos por jugar a la
pelota, un juego que tú inventaste, y por contribuir con grandes atletas a las
ligas mayores. Perdónanos por añadir diversidad a tu sistema culinario.
Perdónanos por nuestros frijoles negros, bisté de puerco, arroz con mariscos,
pargo al horno, arroz con pollo, mariquitas de plátano, camarones enchilados,
sandwiches cubanos, flan, pastelitos de guayaba y otros platos que carecen la
sofisticación refinada de tu meat loaf. Perdónanos por elaborar café, que luce,
sabe y huele como café; y perdónanos, sobre todo, por cocinar con ajo. Tío Sam,
perdónanos por practicar los valores familiares en lugar de simplemente hablar
de ellos. Perdónanos por amar a nuestros familiares y a nuestros hijos y por
tratar a nuestros ancianos con afecto y respeto. Perdónanos por disfrutar de la
vida, por ser apasionados y compasivos y por compartir lo que tenemos con otros
menos afortunados. Por favor Tío Sam, te imploro que nos perdones por
participar en la política y la vida civil de la nación. Perdónanos por votar en
vuestras elecciones. Perdónanos por haber elegido a cubanos en todos los
niveles de tu gobierno. Perdónanos por convertirnos en ciudadanos
norteamericanos. Perdónanos por habernos indispuesto con nuestros primos latinoamericanos
por defender tus intereses en la región. Perdónanos por haber aprendido las
lecciones de Henry David Thoreau y Dr. Martin Luther King, Jr. y por tener la
habilidad de ejercitar la más alta maniobra política americana, la
desobediencia civil. Me doy cuenta que los cubanos somos terribles y te hemos
dañado de una manera indecible, atroz. Pero te aseguramos que nos iremos del
país tan pronto como reconquistemos a nuestra patria. Desafortunadamente creo
que no será tan pronto, y si yo soy tan osado, por favor me permitirías
permanecer aquí un poquito más de tiempo. Te prometo que me portaré bien, como
una estereotípica minoría. ¿Podría encontrar en tu corazón perdón por elegir
libertad sobre facismo?
(Fax
recibido, carta abierta de Jorge Benítez Sagol, 31 Huneycut Drive, Richmond, VA
23233.
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