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La tercera guerra mundial
Por
Francisco H. Tabernilla
Indudablemente
los acontecimientos mundiales nos indican que estamos en camino de la “tercera
guerra mundial”. Las naciones se han ido situando sigilosa y estratégicamente a
favor de los Estados Unidos, la primera potencia mundial, y por la democracia,
los derechos humanos, la justicia y la libertad. El primer enemigo es Al Qaida
que ha demostrado su odio hacia este país, cuna de la democracia; el movimiento
izquierdista internacional es enemigo declarado de Estados Unidos; la prensa
“liberal”, inexplicablemente, coopera a diseminar la envidia y el rencor contra
la nación más generosa del planeta.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo ayer
domingo 7 de mayo, 2006, en Washington, que el 11 de septiembre del 2001, marcó
el inicio de la “tercera guerra mundial”, cuando un grupo de pasajeros se
rebelaron contra los secuestradores de uno de los aviones. Consultado por la
cadena de televisión CNBC, Bush dijo que todavía no había visto la película
“United 93”, que intenta reflejar la rebelión de aquellos pasajeros de la nave
secuestrada que se dirigía a Washington, conducida por aeropiratas de Al Qaida,
y finalmente se estrelló en Pensilvania.
Sin embargo, expresó estar de acuerdo con la descripción de
David Beamer, cuyo hijo Todd murió en el avión, quien afirmó en un editorial
del diario The Wall Street el mes pasado que la rebelión de los pasajeros había
sido “el primer contraataque exitoso de nuestra patria en esta nueva guerra
internacional: la tercera guerra mundial”. “Lo creo. Creo que fue el primer
contraataque de la tercera guerra mundial”, dijo Bush. “Aquello fue
increíblemente heroico de parte de esas personas en el avión que reconocieron
el peligro para salvar vidas”, agregó.
Bush habitualmente destaca el heroísmo de esos pasajeros
que según la versión oficial intentaron evitar que el avión secuestrado se
estrellara contra otro blanco, como lo hicieron otras aeronaves secuestradas
contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono, cerca de Washington.
Sorpresivamente el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, le
escribió a su colega George W. Bush proponiéndole “nuevas soluciones” para sus
diferencias, en la primera carta de un líder iraní a un mandatario de Estados
Unidos en 27 años, dijo el portavoz del gobierno Gholam-Hossein Elham.
En la misiva, Ahmadinejad propone nuevas soluciones para
salir de los problemas internacionales y la situación frágil actual del mundo,
manifestó Elham en rueda de prensa, negándose a revelar otros detalles,
enfatizando que “no es una carta abierta”.
Cuando le preguntaron si
la misiva podría llevar a negociaciones directas entre Estados Unidos e Irán,
respondió, “por ahora, es sólo una carta”.
Washington y Teherán están enfrentados por el programa nuclear
de Irán, y las Naciones Unidas lideran los esfuerzos de occidente para que el
Consejo de Seguridad sancione a Irán por negarse a frenar sus actividades de
enriquecimiento de uranio. Es la primera vez que un presidente iraní le escribe
a su colega estadounidense desde 1979, cuando ambos países rompieron sus
relaciones, después que un grupo de milicianos iraníes asaltó la embajada
norteamericana en Teherán y mantuvo como rehenes a sus ocupantes por más de un
año.
Ahmadinejad renovó el domingo 7 de mayo, 2006, sus amenazas de retirarse del Tratado de No
Proliferación de Armas Nucleares si el Consejo de Seguridad de la ONU/ le
impone sanciones por su programa nuclear.
Ahmadinejad expresó a la agencia oficial de noticias
Islamic Republic News que Washington y sus aliados “no nos dan nada y quieren
imponernos sanciones”, añadiendo que la amenaza de sancione era “sin
sentido”. Y que los iraníes habían
soportado sanciones con anterioridad. “No estamos preocupados”, agregó.
Estados Unidos apoya los intentos de Gran Bretaña y Francia
para que el Consejo de Seguridad apruebe una resolución que podría desencadenar
más medidas si Irán no suspende el enriquecimiento de uranio, un proceso que
puede producir combustible para
reactores nucleares
que generan electricidad, o material para ojivas nucleares.
Los países occidentales buscan invocar el capítulo 7 de la
Carta de la ONU que permitiría sanciones económicas o una acción militar en
caso de ser necesaria, para forzar a Irán a cumplir con la demanda del consejo
de que abandone sus actividades nucleares. Pero Rusia y China, otros dos
miembros del consejo con derecho a veto, se oponen a ello. Nadie puede predecir qué sucederá si Irán no
cumple su compromiso con la ONU, tampoco puede permitirse que Irán ignore la Carta
de la ONU.
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5/08/06