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DR. OSCAR
ELIAS BISCET (II)
Por
Francisco H. Tabernilla
(Porque
es necesario que los compatriotas que llegan de la isla esclava conozcan la
realidad de lo que sucede en el país ya que el régimen controla la prensa, la
radio y la televisión y están imposibilitados
de sentir y percibir la verdad).
Este médico cubano, prisionero de conciencia, ha sido
maltratado física y psicológicamente, sufriendo golpizas, amenazas,
humillaciones, chantajes, intimidaciones, interrogaciones, puesto en celdas
junto a individuos desquiciados mentales y criminales comunes para que lo agredan. En varias ocasiones la seguridad del estado cubano
ha intentado someter al Dr. Biscet a exámenes
psiquiátricos en Mazorra (el hospital psiquiátrico de La Habana) y lo ha presionado para
que salga de Cuba, a lo que el Dr. Biscet ha
respondido con que nunca abandonará su país.
En una reciente visita a la prisión por parte de su madre,
el Dr. Biscet envió un mensaje a su esposa Elsa Morejón, pidiendo que sus hermanos y hermanas cubanos en la
isla y en el exilio se unieran en oración con la comunidad internacional por la
libertad de todos los prisioneros políticos y por la libertad de expresión en
Cuba. También expresó su gratitud a todos los que se han preocupado por su
bienestar, particularmente sus colegas en la profesión médica.
Carta
del Dr. Oscar Elías Biscet desde una cárcel cubana:
Junio 1ro., 2003: Estoy en la cárcel Kilo Cinco y Medio de máximo
rigor en la provincia de Pinar del Río. Aquí me trajeron el 23 de abril junto a
tres disidentes: Héctor Palacios, Pepito y Nelson Molinet. Llegamos alrededor de las cinco de la tarde.
Fuimos trasladados desde Villa Marisa, cuartel de la
policía política cubana, en un van y custodiados por dos carros del G-2 cubanos
desde ciudad de La Habana. Desde un inicio me he negado a usar el uniforme de
preso porque lesiona mi dignidad de ciudadano inocente, además, no acepto el
título de “mercenario” que nos quieren imponer como tampoco acepto el falso
juicio dirigido por Torquemada.
Ante estos alegatos y la no cooperación pacífica mía, los
guardias allí presentes procedieron a desnudarme por la fuerza y ponerme el
uniforme de recluso en contra de mi voluntad, aunque debo aclarar que no me
golpearon físicamente. Posteriormente, me quitaron todas mis pertenencias
incluyendo mi ropa interior y me condujeron hasta una celda oscura y sucia
donde la única ventilación que recibía era hollín y humo de petróleo de la
cocina de la cárcel. Inmediatamente me quité la camisa del uniforme de recluso.
En dicha celda estuve
hasta el 29 de mayo con dos reclusos asesinos y peligrosos frente a mí. Tuve la
necesidad de permanecer con el short del uniforme pues siempre he sido un
hombre correcto y jamás estaría desnudo en la publicidad. Estaba desorientado
en el tiempo sin leer y sin escribir. Solo estaba ubicado en lugar y espacio.
La presión la tuve alta. Lo sabía al tomarme el pulso y porque las encías me
sangraron. Ahora estoy aislado en una celda pequeña con condiciones mínimas
pero mejor pues el sol entra y no el humo de petróleo de la cocina. Estoy más
tranquilo ahora y los golpes en la puerta y los gritos de los reos son
aislados. Llevo varios días durmiendo en la losa de cemento, ya estoy
acostumbrándome. Creo que no pediré más el colchón.
El primer aseo lo recibí el 28 de mayo. Las cartas y las
fotos de mi familia, incluyendo las pertenencias que traje, todavía no me las
han entregado. Hoy, un oficial de la Seguridad del Estado me informó que podía
escribir a mi familia y, al parecer, va a ordenar me den mis pertenencias. Creo
no, les aseguro que más que una tortura fue estar 37 días en el infierno pero
Dios nunca me abandonó ya que me envió
hace unos días su palabra: una Biblia, mediante un reo. En estos
momentos no recibo periódico alguno ni me permiten tener radio ni ver
televisión. No tengo noticia alguna de lo que sucede en mi país y en el mundo.
Me han obligado a no ver a mi familia. Estoy incomunicado pero, les puedo
asegurar que en mi mente y mi corazón siempre estuvo y está con mi familia,
especialmente mi esposa Elsa Morejón, púes he tenido
noticias de sus frecuentes viajes aquí a la prisión y con las dignidad que ha
reclamado sus derechos.
A mis hermanos en el exilio, a la comunidad internacional y
al pueblo cubano les digo que me siento secuestrado solo por defender el
derecho a la vida y el derecho de todos los cubanos a vivir en libertad. Recuerden que nunca traicionaré una causa
justa: la de los derechos humanos. Por favor, no me lo pidan. Mi
inspiración está viva.
Dios y los grandes maestros de la violencia, presentes hoy
más que nunca. Como dijera Martin Luther
King: “Si un pueblo es capaz de encontrar entre sus
filas un 5% de sus hombres dispuestos a ir voluntariamente a la cárcel por una
causa que ellos consideran justa entonces no habrá obstáculo que pueda
detenerlo”.
Un abrazo y que Dios les
bendiga a todos, Dr. Oscar Elías Biscet González. (Continuará).
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06/12/06