U.S. una nación en guerra

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

La política y la guerra no coinciden, no coordinan, son opuestas una a la otra. La guerra es la guerra por medio de las armas para destruir al enemigo. La política es el diálogo, el entendimiento entre las naciones a través de la palabra para evitar la guerra.

          Cuando las partes en disputa no logran ponerse de acuerdo y se agotan todos los razonamientos posibles, y dejan de ser efectivos todos los organismos internacionales, como la ONU, es la fuerza de la armas y el poderío militar los que aclaran y viabilizan la situación cuando hay un enemigo como Al Qaida y sus aliados que, desde hace años le han declarado la guerra a los Estados Unidos y públicamente han manifestado (Castro en Teherán) la intención de “poner de rodillas” a la nación más generosa del mundo los Estados Unidos de Norteamérica; donde los políticos americanos deben considerar la grave situación existente y apoyar al gobierno que está dirigiendo la guerra y a los soldados que están defendiendo la libertad y la democracia y los principios que han hecho grande a esta nación.

          Por eso, el vicepresidente Dick Cheney, ayer sábado 24 de marzo, 2007, en Manalapan, Florida, reprendió al Congreso por obstruccionar el esfuerzo bélico que están realizando nuestras tropas y sus aliados de la coalición en Irak y Afganistán; ya que el viernes 23 de marzo la Cámara de Representantes votó 218-212 para retirar a las tropas en combate contra el terrorismo antes de septiembre del 2008, si el gobierno iraquí no cumple ciertos requisitos. Cheney agregó, hablando ante la Coalición Judía Republicana en el Hotel Ritz Carlton de Manalapan que el voto emitido por la Cámara de Representantes es contrario y le envía un mensaje injusto y erróneo a los enemigos de América. “En el Congreso no están apoyando a nuestras tropas, están socavando su alta moral”, agregó Cheney. “Le están diciendo a nuestros enemigos que simplemente esperen la hora y el día del reloj el cual les indicará cuándo sacarnos de las zonas de combate”.

          El voto marcó las diferencias existentes entre la Casa Blanca y el Congreso sobre la manera en que debe conducirse la guerra. (Previamente el presidente Bush había dicho que el seguirá y hará lo que le dicen los militares, pues desde el Congreso no se puede dirigir una guerra).

          “El pueblo americano ha perdido la fe en la conducta del Presidente en esta guerra”, dijo Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, la cual afirmó:

“El pueblo norteamericano entiende y ve la realidad de esta guerra, el presidente Bush, no”. Los demócratas argumentan que cuando los votantes les dieron a ellos el control del Congreso fue, en gran medida por su oposición a la guerra, pues mantienen que la administración de Bush ha engañado a la nación desde el comienzo de la guerra en Irak.

          El presidente George W. Bush amenazó con vetar la iniciativa de los legisladores y Cheney dijo que el mandatario no retirará a los soldados hasta que Irak se encuentre estable.

          Cheney expresó que nuestros enemigos siguen tratando de atacarnos, matar a inocentes ciudadanos americanos. En el exterior, desde luego, tenemos tropas en diferentes lugares, enfrentando a los enemigos y los refuerzos para esas tropas ya están en camino. El propósito número uno es proporcionar los suministros y recursos necesarios para proteger al pueblo norteamericano y hacer frente a las obligaciones y necesidades de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. También agregó que en relación a los gastos la nación tiene que mantenerlos, a pesar del crecimiento de rentas públicas, etc. ya que primero está la seguridad de la nación y su defensa, identificándolas como áreas que no pueden estar pendientes de cortes o reducciones en sus presupuestos.

          Cheney estuvo muy claro cuando expresó: “Si usted apoya la guerra contra el terrorismo, entonces tiene sentido en apoyarla donde los terroristas están combatiéndonos a nosotros”.  La guerra en Irak es de una índole tal que nunca antes ha sido vista. Un enemigo que opera en la sombra y contempla al mundo entero como su campo de batalla, y usa una estrategia que no podemos combatir aplicando las estrategias aplicadas en guerras pasadas.

          La disertación de Cheney duro 23 minutos, según la periodista Margie Kacoha del Palm Beach Daily News Staff Writer, fue interrumpida por aplausos, pero la audiencia fue más expresiva cuando al entrar en el salón de baile le propinó una cálida ovación de pie, lo que motivó un toque humorístico de su parte al decir: “Con una recepción como esta casi me hace querer postularme otra vez y dando  una media vuelta expresó: “Casi”, “casi”.

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3/26/07

 

 

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