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Bolivia hacia la guerra civil
Por
Francisco H. Tabernilla
Desde el sábado 15 de
diciembre, 2007, las tensiones han aumentado de manera alarmante cuando
dirigentes de los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Beni
y Pando, los cuatro más ricos del país, en Bolivia, declararon su autonomía
ante de decenas de miles de manifestantes opuestos al gobierno en un abierto
desafío al presidente Evo Morales. Con esa decisión, las autoridades de esas
regiones buscan tomar el control de los impuestos, la policía, la justicia y
los recursos naturales como el petróleo y el gas. El Presidente Morales
advirtió a los autonomistas que no toleraría una secesión.
“En contra del narcocomunismo”,
proclama un letrero en la ciudad de Santa Cruz. “A las armas, cruceños”, dice
otro haciendo un llamamiento dirigido a los residentes para que combatan al
gobierno del Presidente Evo Morales, quien puso a las fuerzas armadas en estado
de máxima alerta esta semana mientras cuatro provincias orientales avanzan
hacia una mayor autonomía. Los temores a la violencia política se agravan en
Santa Cruz, uno de los bastiones de la oposición a Evo Morales, ex cultivador
de coca y el primer presidente indígena del país. “Dicen que somos
reaccionarios, pero nosotros tenemos muchas cosas en contra de las cuales
reaccionar”, dijo Wilson Salas Pinto, uno de los directores de la Falange
Socialista Bolivariana de derecha en Santa Cruz cuyos integrantes usan boinas
negras y desfilan con las manos en alto, a lo Mussolini.
“Evo quiere trasplantar el comunismo cubano a Bolivia. Nosotros estamos
preparados para resistirnos a ese proyecto”, argumentan.
Al ver por vez primera las tensiones étnicas en este sitio,
resulta fácil enfocase en grupo extremistas cada vez más vocales, como la
Falange. Una contraparte de la izquierda son los Ponchos Rojos, activistas
indígenas del altiplano que, en fecha reciente, les cortaron el cuello a dos
perros enfrente la cámara de televisión, como una advertencia a los que se
resistan a los planes de Morales.
El choque con el presidente en el oriente de Bolivia, sin
embargo, es mucho más complejo. Dirigentes locales se han quejado amargamente
de la influencia de la capital, La Paz, desde hace ya tiempo, pero acciones
recientes por parte de Morales, quien ha recibido considerable apoyo financiero
y político del presidente venezolano Hugo Chávez, se han sumado a inquietudes
con respecto a la consolidación del poder.
Las declaraciones de autonomía de esta semana se dieron
luego que partidarios del presidente se apresuraron a darle su aprobación a una
nueva Constitución, pese a un boicot de oposición por parte de su Asamblea.
Ellos habían cambiado abruptamente la votación a la ciudad de Oruro, uno de los
bastiones de Morales, respecto de su sede previa en Sucre, la cual había sido
vapuleada por las protestas callejeras.
Incluso los detractores de Morales reconocen que la nueva Constitución , que debe ser aprobada en un referendo
público, tiene aspecto positivos: aboliría, por ejemplo, el trabajo infantil.
Sin embargo, ellos también se sienten alarmados ante los esfuerzos con miras a
incrementar el poder indígena, como los enfocados a garantizar la
representación de los indígenas en el Congreso o para permitirles impartir
justicia fuera del sistema judicial. Otra polémica iniciativa le permitiría a
Morales postularse para la reelección, para un segundo mandato de cinco años.
En todo caso, la forma en que se aprobaron las modificaciones constitucionales hicieron muy poco por lustrar las credenciales democráticas
de Morales. “Evo Morales al intentar darle poder a los indígenas, ha cometido
el mismo error que Chávez al intentar darles poder a los pobres”, dijo Jim Schultz, analista político en
Cochabamba. “Evo Morales también al
intentar mezclar esos planes con esfuerzos por darle poder a su movimiento
político”.
El poder político es un tema que divide al país. Otro es el
petróleo. La mayor parte del gas natural y el petróleo en Bolivia, que cuenta
con las segundas mayores reservas de gas natural en Sudamérica después de
Venezuela, se produce en el este del país.
La ira a causa de la política de Evo Morales se refleja en
el zócalo de esta localidad donde aproximadamente 700 personas han estado en
huelga de hambre desde hace una semana. Duermen bajo tiendas en hamacas,
bebiendo zumo de naranja y viendo las noticias en televisores titilantes
conectados a generadores. Muchos son jóvenes de piel clara, de veintitantos
años, de las clases adineradas.
Son muchos y variados los problemas que afectan a Bolivia,
pero el más grave de todos es la decisiva influencia que, con su dinero, impone
el presidente venezolano Hugo Chávez en sus planes de odio y destrucción contra
la nación más próspera y generosa del
mundo: los Estados Unidos de América.
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12/17/07