FIDEL CASTRO VS. GEORGE W. BUSH

Por

Francisco H. Tabernilla

 

En todos los pueblos la “reserva moral“ existe. La reserva moral la constituyen la mayoría de las personas en cualquier nación; otros le llaman la “mayoría silenciosa”, la reserva del país , capaz de producir el vuelco necesario para un cambio de rumbo cuando los gobiernos han torcido el camino y las circunstancias demandan renovar el sistema en beneficio de la nación.

George Walker Bush ha sido nominado candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano y ha tenido la habilidad de reunir a todos los republicanos para que colaboren en sus esfuerzos y junto al país entero lo elijan presidente en noviembre próximo. La realidad es que el país reclama el retorno a los valores morales, a la decencia, al respeto a las leyes y a la democracia, a la educación y a la protección de la vida. Es imprescindible que el sentido de responsabilidad vuelva a prevalecer en la nación más poderosa del mundo. La vulgaridad debe desaparecer. Hay que debatir las diferencias de opinión con mayor altura y dignidad; la creciente falta de cortesía la enfrentamos tan pronto salimos a la calle o encendemos la televisión en nuestro hogar.

Porque el gobernador de Texas, la noche de su nominación dijo: “nosotros extendemos la promesa de prosperidad a cada pedazo de tierra olvidado en este país, a cada hombre y mujer una oportunidad de triunfar, a cada niño oportunidad de aprender, a cada familia la oportunidad de vivir con dignidad y esperanza”, el periódico local The Palm Beach Post expresa en un editorial que Bush está imitando a Clinton. La comparación es bastante desacertada e ilógica, pues Bush representa, gracias a Dios, todo lo contrario que Clinton.

Y Fidel Castro, el tirano de Cuba, que se mete en todo, no podía faltar que opinara sobre la  elección presidencial 2000 en los Estados Unidos, afirmando en Pinar del Río, durante otro acto conmemorativo del alevoso ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, en un discurso leído de 40 minutos, que los cambios en la política de Estados Unidos en relación con Cuba “tienen que ser unilaterales, porque el bloqueo y la guerra económica contra Cuba por parte de los que dirigen ese país son unilaterales”, calificando a los candidatos Bush y Gore de “aburridos e insípidos”. Afirmó que la batalla de ideas que ha promovido el gobierno cubano contra la política que mantiene Estados Unidos hacia la isla “no cesará mientras exista el sistema imperialista, hegemónico y unipolar”. Insistió además en que ninguno de “los jefes del imperio” que resulte elegido debe ignorar que Cuba exige el cese total de la Ley de Ajuste Cubano (1966) y de las criminales legislaciones que llevan los tristemente célebres nombres de Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996) responsables del bloqueo y la guerra económica.

Fidel Castro indicó que sus autores, promotores y ejecutores “son reos del delito de genocidio definido y sancionado por tratados internacionales suscritos por Estados Unidos y Cuba, y en este caso, como país víctima sus tribunales tienen jurisdicción sobre los hechos. Sostuvo que el gobierno de Washington adeuda a Cuba 300 mil millones de dólares por los “daños humanos”ocasionados por la invasión de Playa Girón y por el efecto del embargo económico decretado unilateralmente por Estados Unidos hace cuarenta años. Al terminar su discurso le sugirió a Bush que, “si llega a convertirse en jefe del imperio”, recapacite y “no corra el riesgo de convertirse en el décimo presidente (desde 1959) que pasa de largo contemplando con amargura estéril e innecesaria, una revolución en Cuba, que no se doblega ni se rinde ni puede ser destruida”.

La verdad que estas palabras del mayor genocida del mundo vivo en la actualidad mueven a risa si no fuera por la inmensa tragedia que encierran esos 41 abominables años de crimen, terror, brutalidad  y hambre que ha tenido que experimentar y sufrir el pueblo cubano bajo su mandato atroz y vulgar.  

 

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8/07/00

 

 

    

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