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Nuevos aires soplan en Irak
Por
Francisco
H. Tabernilla
La
situación política en Bolivia se sigue complicando ya que un magistrado de la
Corte Nacional Electoral y la oposición piden suspender el referendo. El
presidente Evo Morales advirtió el sábado 26 de julio, 2008, que “algunas
cortes quieren parar el referéndum revocatorio”, y los calificó como “enemigos
de la democracia”.
Mientras, lo contrario a Daniel
Ortega, España acusa de terrorismo a mujer vinculada con las FARC, María
Remedios García Albert, una española que sería presunta representante de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, será procesada por pertenecer a
una organización terrorista, informó el domingo 27 de julio el ministerio del
Interior.(Se recibieron pruebas que incriminan a García Albert, entre ellas,
más de 50 correos electrónicos con Reyes).
Ahora, nuevos aires soplan en Irak.
Estados Unido está ganando la guerra que hace dos años parecía perdida, nos
dicen en un extenso análisis los periodistas de la AP, Robert Burns y Robert H.
Reid : Pese a los ocasionales estallidos de violencia, Irak ha llegado al punto
en que los insurgentes, que en un momento controlaban ciudades completas, ya no
tienen el poder de amenazar la viabilidad del gobierno central. Es probable que
duros ataques y periódicos ataques terroristas sigan ocurriendo en Irak,
posiblemente durante años; pero los gobiernos de Irak y Estados Unidos ahora
pueden desplazar el centro de su atención del campo de batalla a crear la paz,
una transición que hace un año muchos consideraban impensable. Esto no
significa que la guerra haya terminado o que los soldados americanos no tengan
un papel en Irak. Significa que finalmente la fase del combate está por
terminar, años después que el presidente Bush anunciara el fin de las
operaciones militares. La nueva fase se concentra en la capacitación del
ejército y policía iraquíes, la restricción del flujo de armas ilícitas desde
Irán, el apoyo a vínculos más estrechos entre Bagdad y los gobiernos locales,
el impulso a la integración de los antiguos insurgentes en legítimos empleos
gubernamentales y la ayuda a la reconstrucción de la economía.
Esto representa algo más que una pausa a la violencia. Refleja un
sustancial desplazamiento en la perspectiva de la minoría sunita, que estaba en
el poder con Saddam Hussein y que lanzó la insurgencia hace cinco años. Ahora
están marginados o han cambiado de mando y cooperan con los estadounidenses a
cambio de dinero y apoyo político.
El general David Petraeus, jefe de las
fuerzas de Estados Unidos en Irak, delaró la semana pasada a The Associated
Press que hay señales de que altos dirigentes de Al Qaida pudieran estar
pensando en cambiar el foco de sus actividades en Irak a Afganistán.
Ryan Crocker, embajador de Estados
Unidos en Irak, declaró el jueves a la AP que la insurgencia ha bajado al punto
en que ya no era una amenaza para el futuro de Irak. “Está claro que la
insurgencia no puede derrocar al gobierno y, en realidad, ni siquiera
desafiarlo”, dijo Crocker. “Prácticamente no está en posición de enfrentársele.
En gran medida, lo que queda de la insurgencia apenas trata de sobrevivir”.
Las milicias chiitas, especialmente el
Ejército Mahdi de Muqtada al Sadr, ha perdido sus bases de poder en Bagdad,
Basora y otras grandes ciudades. Un paso importante fue la derrota de los
extremistas chiitas esta primavera en los barrios bajos de Ciudad Sadr en el
este de Bagdad, ahora un distrito tranquilo aunque no completamente seguro. El
Sadr y sus principales lugartenientes están en Irán. Todavía hablan de regresar
pero enfrentan grandes obstáculos, como la pérdida de apoyo entre la población
chiita cansada de la guerra y ya no aterrorizada por los extremistas chiitas
como hace un par de años. Los
sistemáticos asesinatos sectarios prácticamente han terminado en la capital, en
gran medida debido a una estricta seguridad y una estrategia de amurallar los
barrios purgados de minorías en el 2006. Esto ha ayudado a establecer un
sentido de normalidad en las calles de la capital. La gente expresa una nueva
confianza en sus propias fuerzas de seguridad, las que a su vez muestran nuevos
bríos en el combate de la insurgencia, mayormente en retirada.
Pero más allá, hay algo nuevo en el
aire de Irak este verano. En Bagdad todos los fines de semana los parques se
están llenando de familias que meriendan y juegan con sus hijos. Esto era
impensable hace un año, cuando
aparecieron las primeras señales del viraje. Ha llegado el momento en que los
iraquíes traten de convertir estas señales positivas en una estabilidad
perdurable.
Las interrogaciones que enfrentan
tanto los estadounidenses como iraquíes son: ¿qué tipo de ayuda necesitará el
país de las fuerzas americanas y durante cuánto tiempo?
Aunque
aspiran a una plena soberanía y a no tener tropas extranjeras en su territorio,
no quieren apresurar las cosas. De igual forma los norteamericanos temen que
después de perder más de 4,100 soldados, el sacrificio sea en vano. Los
comandantes americanos dicen que falta una presencia substancial más allá del
2009. El Pentágono retiró cinco brigadas de refuerzo enviadas en el 2007 –el
resto de los efectivos pudiera asumir el papel de mantener la paz en vez de
combatir.
El coronel Tom James, jefe de una
brigada en su tercera rotación en Irak, explica así la nueva calma. “Hemos
apagado el incendio en el bosque. Ahora estamos lidiando con algunos fuegos
aislados”.
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7/28/08