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La subversión internacional de Fidel Castro (I de II)

Por Francisco H. Tabernilla

 

 

Mientras Raúl Castro presionado por la gravedad de la situación del pueblo cubano que, prácticamente vive a la intemperie, autorizó a la población, este pasado domingo 4 de enero del 2009, a levantar sus casas a partir de sus esfuerzos y recursos, para enfrentar el gran déficit habitacional que vive la isla. “No prohibir. Decirles, bueno aquí se puede construir, tiene tanto de área, y deje este ancho para que por aquí pase una calle un día, y por ahí una acera, y que hagan una casita con lo que puedan”, dijo Castro, según un reporte de Agence France Presse, de hoy 5 de enero del 2009.

          La fabricación de casas en Cuba es un proceso fundamentalmente estatal. Sin embargo, el programa gubernamental aprobado hace tres años y medio para la construcción de 100,000 casas anuales no se ha cumplido, y se ha reajustado a casi la mitad. “Aquí lo que hay que hacer es cientos de miles de casas, por eso quiero el árido y la fábrica de cemento y vamos a hacer de verdad la base industrial para desarrollar la vivienda. ¡Ya está bueno, vamos a hacerla de verdad”, dijo Castro, que en febrero sustituyó definitivamente a su hermano enfermo Fidel en la presidencia.

          Esa misma Agencia nos trae un análisis exhaustivo de los 50 años de Fidel Castro gobernando a la nación al desarrollar una frenética subversión internacional que ha puesto a la isla al borde del abismo desde el 1ro. de enero de 1959 hasta la fecha. Fidel Castro entró a formar parte del bloque soviético cuando la URSS se consolidó como superpotencia militar e irrumpió fuera de la masa continental euroasiática, en los momentos también del cisma chinosoviético y de la descolonización afroasiática.

          En África, Medio Oriente y América Latina, su familiar silueta se vio mitificada por su antiyanquismo, que lo convirtió en el paladín de la escena no alineada. El elemento definitorio de su política exterior fue conformar alianzas con Estados que compartiesen su enemistad hacia Estados Unidos y la democracia, proyección que, en plena Guerra Fría, implicó integrarse a los intereses estratégicos de la URSS.

          Su política exterior, la más desconcertante y provocadora de los tiempos modernos, como si fuese una potencia militar, se proyectó en islas, estrechos y territorios claves de dos continentes: África y América Latina, utilizando una red de organizaciones pantallas que le permitió unificar recursos y ganancias políticas dentro del antiguo bloque soviético y entre los movimientos de izquierda.

          Con rapidez, fundó una armazón de espionaje (la DGI, el Departamento América, la DIM) considerado en su momento el tercero del planeta, después de la KGB y la CIA, no sólo por su dimensión sino por su capacidad para golpear diversos objetivos en lugares dispares y para descubrir, identificar y explotar conflictos locales genuinos o inevitables. Estos dominaron las acciones encubiertas, la falsificación de documentos, la inteligencia humana y tecnológica, la penetración de gobiernos (Ana Belén Montes, la Red Avispa en Estados Unidos) ejércitos e instituciones civiles, la adquisición de secretos, la implantación de centros ilegales, la desinformación y guerra psicológica, la promoción de la narcoguerrilla, la transferencia tecnológica occidental al bloque soviético, el lavado de dinero, el comercio ilegal. Ni la Mossad israelí, la Stassi germanoriental, la Securité francesa o el M-6 inglés lograron montar la vastedad de maquinaciones de espionaje y subversión como él: en América Latina y África, en el mundo árabe y el asiático, del Sahara español a Vanuatu, en el Pacífico.

Fidel Castro transformó a Cuba en un estado mayor de lucha armada, terrorista y de inteligencia contra Estados Unidos, arrastrando consigo a toda una generación latinoamericana y afroárabe, y en ocasiones a una cautelosa Unión Soviética. Poco se conoce, fuera de los círculos militares y de inteligencia, de la complejidad y la magnitud de esta subversión, cuando un verdadero racimo humano, alrededor de 25,000 individuos de diversos continentes y filiaciones ideológicas (entre ellos 10,000 latinoamericanos), fueron entrenados como guerrilleros y terroristas en más de una docena de campos de entrenamientos dentro y fuera de la isla.

          Nunca en la historia contemporánea un país tan pequeño y escaso de recursos ha ejercido la influencia internacional de la Cuba castrista. Ni la China de Mao o el tercermundismo de Nehru, ni el neomarxismo europeo o el panarabismo de Nasser, ni la auto gestión de Tito o el sandinismo de Ortega, se granjearon la mitológíca proyección de Fidel Castro y el Che, que invadió los mapamundis y llevó al mundo al borde del holocausto nuclear. (Continuará).

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1/05/09

 

 

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