![]()
Juicio a pilotos militares en 1959 (II de II)
Por
Francisco H. Tabernilla
(Continuación). El 5 de marzo, tres días después del
primer juicio, a la 8:00 p. m. comenzó el segundo. Este fue de carácter
sumarísimo, un verdadero espectáculo político-jurídico que terminó a las cuatro
de la madrugada. El fiscal en este segundo juicio no pudo presentar nuevos cargos ni evidencias.
Los buscó, no las había. Nosotros los aviadores no estuvimos presentes; nos
mantuvieron en la cárcel de Boniato.
El
fiscal llenó la sala de turbas preparadas que abuchearon, empujaron y hasta
expulsaron a los abogados defensores hasta que quedó sólo el Dr. Carlos Peña Jústiz,
realizando una valiente y brillante defensa. Al terminar su alegato dijo al
Tribunal: “Si ustedes condenan a estos muchachos, que ya han sido absueltos,
convertirán a Fidel Castro en el Napoleón del Caribe y la Revolución en una
tiranía-“ Mucho le costarían esa palabras al digno abogado santiaguero que
había sido colaborador del Movimiento 26 de Julio.
El 8
de marzo, tres días después del segundo juicio, otra vez Castro se presentó
ante todos los medios de comunicación para anunciar la sentencia: “Pilotos, 30
años; artilleros, 20 años; mecánicos, 2 años. Todos condenados a trabajo
forzado”, ya abolido en Cuba desde su independencia.
Peña
Jústiz y los tres miembros del Tribunal del primer juicio que nos absolvió
recibieron, en distintas formas aciagas consecuencias de su histórica y justa
actuación. Fueron taimadas y hasta letales represalias por no habernos condenado
como les habían ordenado. Un tiempo después, Peña Justiz fue arrestado con
motivo de una conspiración con gran involucramiento de abogados. Fue llevado a
Arroyo Blanco, un centro de detención y tortura y fusilamientos cerca de
Guantánamo. Allí fue humillado y torturado de múltiples formas. Le infligieron
repetidamente la torturad del agua, metiéndole la cabeza en una poceta hasta
casi ahogarlo. Peor aún, fue llevado al lugar de las ejecuciones, atándolo a
uno de los postes de ejecución junto con otros reos. Se daba la orden de
“preparen, apunten, fuego”, al tronar de los fusiles y después el tiro de
gracia. Habían fusilado a los otros, pero él quedaba vivo. Luego le decían que
“la próxima sería de verdad”. Esa tortura se la hicieron varias veces. El propósito
era extraerle una confesión y que delatara a presuntos conspiradores. Nuca
podía saber si era de verdad o para torturarlo. El escenario era tan real que
hubo veces en que Peña Justiz se creyó muerto. En el tiempo que estuvo en
Arroyo Blanco hubo 39 fusilados.
Estando
yo en la prisión de Isla de Pinos, un día llega una cordillera o fila de nuevos
presos que entraban en la Circular No. 1, donde me encontraba. Veo a un hombre
delgado, demacrado, la sombra de aquel apuesto, rozagante abogado que yo conocí
durante el juicio. Era Peña Justiz, que apenas reconocí. Me contó lo que había
pasado. Finalmente lo habían condenado a 20 años de prisión. Para más
ensañamiento, al salir del presidio no lo dejaron salir del país.
El
presidente del tribunal, el comandante rebelde Pena pagó más caro aún por su
sentido de honestidad y justicia. Fue hallado muerto de un balazo en el pecho
dentro de un automóvil estacionado en el campo de aviación del Campamento de
Columbia con posterioridad a una acalorada discusión con los hermanos Castro.
Pude saber por boca del capitán piloto Manuel Iglesias, que otro miembro del
mismo tribunal de absolución, el comandante Michel Yabor había venido esa
mañana en su automóvil con su gran amigo
Pena. Michel Yabor tenía que recoger algo en su habitación y dejó a Pena en el
estacionamiento, dentro del carro y con las llaves puestas.. Al bajar Michel
Yabor no encontró el carro. Un soldado le dijo que un par de hombres vestidos
de uniforme habían conversado con Pena y éste los montó y fueron en dirección a
la gasolinera para los miembros de la Fuerza Aérea Revolucionaria. Michel Yabor
de encaminó hacia allí pero no los encontró y le dijeron que no habían visto su
carro. Comenzó a buscarlo y lo encontró en una pequeña calle interna que moría en
la cerca del campamento. Al llegar recibió la espantosa sorpresa de ver el
cuerpo de su amigo, sangrando del lado izquierdo superior del pecho, muerto,.
Del otro lado de la cerca había una calle y varias casas. Un vecino que lo
conocía se le acercó y le dijo que había sentido un sonido como de un tiro y
que había visto a dos militares alejarse del carro. Desde ese momento Michel
Yabor comenzó a temer por su propia vida. La versión de la familia de Pena, de
los otros miembros del Tribunal y de los abogados defensores fue que hubo un
asesinato, mientras que la oficial fue la del suicidio, y la diseminada por los
medios. Su entierro en Santiago de Cuba fue uno de los más concurridos que haya
visto esa ciudad. Ninguno de los Castro envió ni siquiera un telegrama de
pésame a la familia Pena.
Michel
Yabor al verse amenazado y en peligro, escapó a los Estados Unidos. El primer
teniente
Parúas Toll pasó años humillado, perseguido y varias veces preso. Le tomó 35
años poder salir de Cuba. Ambos fallecieron en el exilio. Los pilotos cumplimos
hasta 20 años de prisión, siendo liberados en 1979 cuando Castro consideró que
le era beneficioso a la imagen de la Revolución. Este episodio constituyó un
hecho muy significativo en el proceso revolucionario, que sirvió a muchos para
abrir los ojos. Los que vieron a Pena
poco antes afirman que él no se encontraba de modo alguno con actitud o ánimo
suicida.
Aún
hoy persiste la versión del suicidio de Pena. Muy pocos conocen la valiente y
digna actuación del Tribunal y de los abogados defensores, especialmente de
Peña Justiz. Sus palabras finales en la defensa fueron desafortunadamente
proféticas. Sin dudas se creó más que un Napoleón del Caribe que, en contraste
con el héroe francés, ha perdurado por medio siglo en el poder, hasta con el
aplauso de muchos alrededor del mundo, a pesar de su inmenso fracaso interno y
su sangriento injerencismo externo.
Al
cabo de 50 años, aparentemente ese Napoleón del Caribe piensa que su “obra
maestra” podrá perdurar de forma dinástica, con su hermano y heredero Raúl
Castro. No perdamos nuestra fe. Cuba será libre y democrática: “el hombre
propone y Dios dispone”.
000ooo000
3/16/09