CUMBRE DEL MILENIO

Por

Francisco H. Tabernilla

 

Ciento cincuenta jefes de Estado se reunieron en las Naciones Unidas en New York con el objeto de acabar con las guerras que han costado millones de vidas durante ese periodo y con la pobreza extrema que alcanza a 1,200 millones de seres humanos en el mundo. La recién finalizada Cumbre del Milenio cerró con una amplia lista de promesas en beneficio de la población mundial, ¡ojalá! que pronto, todas se puedan cumplir, pero estas reuniones siempre culminan en discursos resonantes y estruendosos, en declaraciones a la prensa en busca de proselitismo y la eventual retórica contra el capitalismo.

El tirano de Cuba, Fidel Castro, voló desde La Habana con un séquito de 160 personas sólo para descargar en un discurso de cinco minutos su odio contra el capitalismo y en especial contra los Estados Unidos en defensa de los desamparados y la pobreza en el mundo. Hasta el presidente venezolano Hugo Chavez desconcertado por el poco interés que despertó la reunión advirtió que no asistirá a las reuniones de la Organización de Naciones Unidas (ONU) “para hablar cinco minutos sin que nadie me escuche”, si no se realizan cambios profundos en la estructura de la Organización, criticando duramente la conformación democrática de su Consejo de Seguridad. Y como dice Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald, “dudo mucho que Estados Unidos, la Comunidad Europea y Japón desembolsen miles de millones de dólares para países regidos por dictadores que dilapidan los dineros públicos en compras de armas, costosos aparatos de seguridad interna, o campañas de propaganda internacional para alimentar su megalomanía”.

Indiscutiblemente en los países democráticos donde por lo general florece la prosperidad económica son muchos más efectivos para combatir la pobreza que las dictaduras, ya que no es coincidencia que los países democráticos sean más ricos y que los más pobres sean dictaduras. ¿Aceptaría la Unión Europea –dice Oppeheimer- dar más ayuda económica a Cuba, cuyo máximo líder, Fidel Castro, viajó a la cumbre de New York con una comitiva de 160 personas, cuando el ingreso promedio en su isla es de 33 centavos de dólar por día ? En contraste, el presidente alemán, Helmut Shroeder, viajó con una comitiva de 42 personas incluyendo los guardaespaldas.

Es verdad que los países capitalistas deben hacer más por ayudar a los países subdesarrollados, pero a menos que la ONU exija a las naciones pobres justificar sus gastos ante el mundo y ante sus propios conciudadanos, los países ricos continuarán exigiendo que la lucha contra la pobreza se realice a través del Banco Mundial y otras instituciones que exijan verificación de cuentas.

Fidel Castro regresó a La Habana compungido, visiblemente afligido por no encontrar en esta oportunidad la acogida favorable que acostumbra a dispensarle la prensa, la televisión, las personalidades políticas y empresarios. Fue un vacío que se notó. Esos cuatro días que pasó en New York le deben servir de enseñanza de que “su cuento está terminando y pasando a mejor época”. Lleva cuarenta años repitiendo lo mismo, no dice nada nuevo , es el mismo de siempre no ha cambiado, pero el mundo sí ha cambiado. No obstante, lo del apretón de manos que buscó con el Presidente Clinton, lo hizo a sabiendas, para llamar la atención de la prensa y crearle una situación embarazosa.  El Presidente Clinton declaró a la prensa que la iniciativa de Castro “lo agarró de improviso”, asegurando que fue el gobernante cubano quien buscó el encuentro que duró unos pocos segundos.

En el “Rincón Gráfico”de El Nuevo Herald, septiembre 10 de 2000 , aparecen las figuras de Clinton y Castro dándose las manos: el Presidente le pregunta ¿Cuántos fueron los aviones que me tumbaste? Y el tirano le responde: dos... y  te maté unos ciudadanos ¡ah!

9/11/00

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