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Tiempo perdido
Por
Francisco H. Tabernilla
Y terminó
la IX Cumbre Iberoamericana con penas y sin gloria. Fidel Castro convocó a su
fiesta, lo preparó todo y trató de prevenirlo todo, pero los invitados, sin
necesidad de mencionarlo por su nombre lo fulminaron con flechas dirigidas
únicamente a él: "Hay que darle a los pueblos latinoamericanos libertad,
democracia, derechos, justicia y respeto a la integridad humana". Su plan
le falló y la IX Cumbre fue una completa derrota para él y fueron Gustavo
Arcos, Elizaldo Sánchez, Osvaldo Payá y Raúl Rivero junto a los cuatro
firmantes del manifiesto "la Patria es de Todos" los que lo opacaron
recibiendo la atención y el apoyo que merecían al convertirse los opositores en
los verdaderos protagonistas.
Fidel Castro hospedó a los mandatarios
invitados en lujosas residencia privadas, robadas a sus legítimos dueños,
manteniéndolos alejados del ambiente público de los hoteles y de la población
en general. Cuando hace cinco años Cuba pidió en Cartagena la sede de la Cumbre
para 1999 -dijo Castro- todos aceptaron pensando que para entonces su régimen
habría sucumbido tras el derrumbe del comunismo, recordando a sus invitados en
afirmaciones llenas de cinismo y repletas de su crueldad innata que todavía
estaba en el poder. Lo único que le faltó agregar fue su respuesta al
periodista Alejandro Escalona, director del semanario Exito de Chicago, durante
la visita a La Habana del gobernador de Illinois, George Bryan: "No dejo
el poder porque no me da la gana".
Sucedió un hecho cierto y probado: los
invitados se dieron cuenta que en Cuba existían dos bandos, de un lado el
opresor y del otro los oprimidos, que son los más y los que más sufren su
tiranía. Los mandatarios extendieron su mano
a la disidencia y a los familiares de los presos políticos,
"salvando su propia dignidad", como nos dice Agustín Tamargo en su
artículo del domingo 21 de noviembre en El Nuevo Herald titulado "Gioconda
en el malecón". Han tenido un efecto muy significativo las palabras del
Rey de España en La Habana en defensa de la libertad y la democracia, al igual
que las muy claras y definidas del presidente de México, Ernesto Zedillo,
consideradas como un rompimiento de cuatro décadas de política exterior de
apoyo al gobierno cubano, al afirmar "hoy más que nunca la soberanía
también requiere de la democracia; no puede haber naciones soberanas sin
hombres y mujeres libres". José María Aznar no perdió una sola oportunidad
para reclamar la libertad para los cubanos. La presidenta de Panamá, Mireya
Moscoso, también lanzó críticas al sistema imperante, lo mismo que el
presidente de Portugal Jorge Sampai y el del Brasil, Fernando Enrique Cardoso. Nueve
delegaciones recibieron a los disidentes en residencias diplomáticas y
embajadas: Brasil, Chile, Portugal, España, Uruguay, México, Panamá, Nicaragua
y Costa Rica.
Con el disgusto de la derrota
reflejada en su rostro y sabiendo que todo había sido una pérdida de tiempo,
Fidel Castro llevó a cabo la pre-clausura de la Cumbre ya que la clausura
oficial la realizó en el aula magna de la Universidad de La Habana cuando su
"querido hermano" el presidente de Venezuela, Hugo Chavez dijo:
"Hay personas que vienen aquí a pedirle a Cuba el camino de la democracia,
falsa democracia", agregando que Venezuela "va hacia la misma
dirección, hacia el mismo mar donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de
verdadera justicia social, de paz". En
resumen el tirano Fidel Castro se quedó prácticamente solo en la Cumbre con un solo acompañante el Presidente de
Venezuela y unos cincuenta mil esclavos que llenaron el estadio del Cerro para
ver un juego de pelota; firmó los acuerdos, como siempre, sabiendo que no
cumplirá ninguno. ¿Hasta cuándo seguirá impune lo que está pidiendo a gritos
que se haga justicia?
11/22/99
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