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“Lo que nos une es el dolor”

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

 

Las Damas de Blanco siguen siendo poco conocidas dentro de Cuba, donde  los medios de prensa controlados por el gobierno casi nunca las mencionan, pero la historia

 sugiere que las mujeres se las arreglarán para perseverar. Se vieron por primera vez en Villa Marista, donde mucho de los 74 disidentes estaban detenidos tras la ola de represión conocida como la Primavera Negra de Cuba. Una disidente encarcelada era Martha Beatriz Roque. Por entonces, solo tres o cuatro de las mujeres eran activistas, dijo Blanca Reyes, quien perteneció al grupo hasta que su esposo el periodista Raúl Rivero, fue puesto en libertad en el 2004 y salieron para España. Reyes representa ahora al grupo en Europa. Las mujeres empezaron a hablar sobre cómo organizar algún tipo de protesta para exigir la liberación de sus familiares. Supieron que ya existía un grupo de madres de presos políticos encarcelados antes del 2003 –el Comité de Madres Leonor Pérez, llamado así en homenaje a la madre del héroe de Independencia José Martí- que se vestían de blanco en verano y de negro en invierno para sus actividades.

          Las madres del comité asistían regularmente a las misas dominicales en la Iglesia de Santa Rita en la Quinta Avenida, porque atraía a muchos diplomáticos y periodistas extranjeros que vivían en esa zona; pero no salían a machar por las calles. Unas pocas  parientes de los 74 disidentes fueron por primera vez a la iglesia el 30 de marzo del 2003. La policía ha dicho además a sus vecinos que los disidentes encarcelados son asesinos convictos. “Ser hijo de un disiente en Cuba es peor que ser hijo de un ladrón”, dijo a El Nuevo Herald María Elena Alpízar, periodista independiente que escribió a menudo sobre las Damas de Blanco y ahora vive en Miami.

Los funcionarios cubanos marcan a las mujeres, como a todos los otros disidentes, como “mercenarios” que reciben dinero del extranjero para criticar al gobierno. En el 2008 hicieron público un recibo firmado por Laura Pollán, la portavoz del grupo en la actualidad, de $2,400 para repartir entre nueve mujeres durante dos meses: $133.00 al mes por mujer. El gobierno alegó que el dinero venía de un grupo de Miami con conexiones con el militante y patriota anticastrista Luis Posada Carriles. La mujeres admiten que algunas de ellas reciben dinero de individuos y grupos en el extranjero, incluyendo a los plantados, un grupo de ex presos políticos del sur de la Florida, pero niegan con indignación de ser “mercenarias”. “Primero, nadie nos paga por defender la democracia y los derechos humanos”, comentó Gisela Delgado, cuyo esposo Héctor Palacios fue condenado a 25 años, pero liberado en el 2006 por razones de salud, dijo que su hija Giselle fue expulsada de la Universidad de La Habana a causa del activismo de sus padres.        

          “Vamos a seguir tratando de salir a caminar todos los domingos”, aseguró Berta Soler, cuyo esposo Ángel Moya Acosta está cumpliendo una condena de 20 años. “Por la libertad de nuestros hombres vamos a continuar saliendo a las calles”, agregó. “Nos espera una lucha de resistencia. Para ello estamos preparadas”, declaró Laura Pollán. “Si hay algo que tenemos las Damas es paciencia, perseverancia y resistencia; así lo hemos demostrado en estos siete años de lucha pacífica”. El gobierno cubano ciertamente ha tratado de poner coto a las mujeres de muchas maneras desde el 2003. La mayoría de las marchas son hostigadas por turbas enviadas por el gobierno que les gritan insultos

-incluyendo gritos de “¡paredón!”- y a veces las golpean por la espalda, les pellizcan los brazos y les pisotean los pies, según cuentan las Damas. Agentes de la Seguridad del Estado han interrumpido varias protestas arrastrándolas a la fuerza hacia autobuses y llevándoselas del lugar. Además de las amenazas de los agentes contra ellas, también amenazan a sus familiares en prisión con ponerlos en peores condiciones si ellas continúan sus protestas, dijo Berta Soler, y pueden demorar o impedir las visitas a la prisión y los envíos de alimentos y otras provisiones.  Casi todas están desempleadas, la mayoría expulsadas de sus trabajos en un país donde el gobierno controla el 95% de la actividad económica. Otras renunciaron a sus empleos debido a las terribles presiones.

Inclusive, Berta Soler, que trabajaba  como microbiológica en un hospital de maternidad, renunció por miedo de que la responsabilizaran de alguna muerte.

          El 25 de marzo, 2010, más de cien mil personas de distintas nacionalidades se unieron en la Calle Ocho para demostrar el apoyo de Miami a las Damas de Blanco. La marcha fue convocada por la patriota cubana Gloria Stefan. Los medios de prensa y televisión dieron un amplio mensaje al mundo de la realidad que vive el pueblo cubano bajo la tiranía de los hermanos Castro. Simultáneamente surgieron marchas en Los Ángeles, Nueva York, Madrid, Detroit, New Jersey y otras poblaciones en diversas partes del mundo. En los actos de repudio organizados por el régimen las Damas responden “¡Viva Zapata!”, “¡Libertad!”, refiriéndose al preso político Orlando Zapata Tamayo que murió el 23 de febrero tras una huelga de hambre de dos meses y medio. Ahora, la policía solamente les permite marchar en grupo no mayor de diez y con autorización oficial. El régimen está seriamente preocupado por el respaldo internacional alcanzado por las Damas de Blanco y quiere parar este movimiento humanitario. Ayer, domingo 25 de abril, por tercer domingo consecutivo decenas de seguidores del gobierno impidieron el desfile del grupo. “Me uno al dolor que las une” y admiro su perseverancia y resistencia. ¡Que Dios las ayude!

04/26/2010

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