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Ex guerrillero en el parlamento venezolano

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

 

    Al comenzar a redactar estas líneas hoy lunes 10 de enero, 2011, nuestro insigne luchador por la libertad y la democracia en Cuba, Luis Posada Carriles, está siendo juzgado en el juzgado federal de El Paso, Texas, más de cinco años después de su arresto en Miami por supuesta entrada ilegal en los Estados Unidos de América. Ex miembro de la CIA, combatiente sin vacilaciones, no hubo orden justa que no acatara y deber que no cumpliera, anticomunista por antonomasia no ha cesado un solo día en su lucha a favor de su patria esclava. Ahora se encuentra perseguido por agentes cubanos de los hermanos Castro invitados, increíblemente, por el Sistema Judicial de los Estados Unidos. La justicia estará en manos de una honorable jueza y los miembros del jurado que tenemos la convicción se decidan a servir a la justicia y a la verdad. Esperamos un fallo favorable que absuelva en este juicio a Luis Posada Carriles. Se supone que José Pertierra, un abogado que representa la solicitud del gobierno venezolano para la extradición de Posada para que enfrente cargos en la colocación de una bomba en un avión, estaba en Cuba y llegará el martes por la tarde.

     Vemos al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, interviniendo en este caso, sabiendo que Luis Posada Carriles fue absuelto en esa nación por un tribunal competente en el caso del avión.

    Ahora resulta que el nuevo presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, designado expresamente para combatir a la fortalecida oposición en el cuerpo legislativo, es un viejo comandante guerrillero que estuvo entre los designados para recibir la expedición que Fidel Castro envió en los años 60 al país petrolero. Pero expertos de inteligencia dijeron que el recorrido de Fernando Soto Rojas por los caminos de la subversión venezolana, fue una larga cadena de aventuras desafortunadas, al tiempo que su poca experiencia política y mentalidad dogmática probablemente le restarán lustre a su actuación al mando de la Asamblea, observa el periodista de El Nuevo Herald, Antonio María Delgado.

    Lo que puede esperarse de él, señalaron los analistas y uno de sus ex compañeros de la guerrilla, es una fácil inclinación hacia el radicalismo que dejará muy poco espacio para el diálogo con los nuevos diputados de la oposición y una ciega devoción a la revolución socialista del presidente Hugo Chávez. Soto, o Comandante Ramírez, tuvo una larga aunque poco sobresaliente actuación dentro de la insurgencia marxista en Venezuela, indicó Johan Peña, ex comisario de la DISIP, la antigua policía política de la nación sudamericana. “Fue un personaje más bien opaco dentro de la izquierda, comentó Peña, quien reside actualmente en Miami. “Tuvo una actuación caracterizada por el fracaso”.

Soto estuvo entre los integrantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que debían recibir al destacamento de cubanos enviados en 1967 para invadir al país petrolero, luego que los subversivos venezolanos convencieron a Castro de que las condiciones estaban dadas para el triunfo de una revolución marxista. Pero el movimiento de Soto, formado principalmente por jóvenes universitarios que habían decidido integrarse a la lucha armada, nunca logró ponerse en contacto con la fuerza cubana que entró al país, en lo que después fue calificado como el Incidente de Machurucuto. “No se lograron encontrar”, comentó Peña. “Y los cubanos estuvieron perdidos por más de un mes, se enfermaron y pasaron hambre”. Mermados en sus filas por el hambre, las enfermedades y el hostigamiento de las Fuerzas Armadas bajo el mando del entonces presidente Raúl  Leoni, los pocos sobrevivientes de la invasión cubana bajaron de las montañas y regresaron a Cuba.

    Rafael Rivero Muñoz, ex director de operaciones de la DISIOP, dijo desde Caracas que los movimientos en que Soto participó nunca llegaron a convertirse en una verdadera amenaza para los gobiernos democráticos de Venezuela. Entre los grandes obstáculos que estos enfrentaban estaban la falta de una concepción clara de cómo llevar la guerra y la incapacidad de convencer a la población para que les siguieran, en un movimiento que   contaba con muchos comandantes y pocos soldados, subrayó Rivero. Al final, los movimientos armados de la época lucían como grupos de bandoleros como un movimiento armado incapaz de derrocar a algún gobierno. “Eran bandas de asaltantes; técnicamente no se puede decir que se trataba de una fuerza guerrillera, anotó  Rivero.

“No tenían capacidad bélica ni podían compararse, por ejemplo, con los movimientos que florecieron en Colombia, como el ELN y el M19, los cuales si emprendían operaciones  riesgosas.    

    La gente que conoció a Soto en El Bachiller dice que el tipo lo que implantó fue un curso de carreras de obstáculos”, comentó Peña. “Cuando llegaba el Ejército, siempre huía, y nunca llegó a enfrentárseles”. Después que la guerrilla venezolana  depuso las armas, Soto entró en la clandestinidad vinculándose a algunas células que aún mantenían la ilusión de una insurrección armada. A finales de los 70 marchó al Medio Oriente.

   Son muchas las opiniones adversas que ha cosechado Fernando Soto Rojas que he desechado por falta de espacio. Pero él mismo ha indicado el camino que piensa tomar.

En sus primeras declaraciones al ingresar a la Asamblea, expresó: “Hay que aniquilar a la- burguesía…Nada de debatir con ellos”.

01/10/2011

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