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LOS ESTUDIANTES DE MEDICINA
DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA
Por
Francisco H. Tabernilla
En todas las épocas suceden acontecimientos que
quedan grabados en la historia para siempre, son como marcas o signos que
definen cierto período de tiempo en las naciones que han tenido lugar y jamás
olvidan las generaciones presentes y por venir. Estos hechos se mantienen año
tras año en los corazones de las gentes que espontáneamente los recuerdan en
señal de reconocimiento y solidaridad a las causas que los provocaron y a
aquellos que los padecieron. Uno de estos eventos históricos que la maldad de
los hombres lo incorporó a la historia de la libertad de Cuba fue el
fusilamiento de los estudiantes de medicina de la Universidad de La Habana, el
27 de noviembre de 1871. A los 129 años de aquel horrendo crimen, cuando era el
conde Valmaseda capitán general de la Isla y dirigía en la parte oriental de
Cuba una guerra de exterminio donde los fusilamientos sin condiciones de los
prisioneros y supuestos laborantes anegaron en sangre los pueblos y campos de
esa región; La Habana estaba a merced de los voluntarios -los milicianos
de entonces- que ejercitan su "patriotismo" en censurar y promover el
relevo de los jefes militares que no eran bastante enérgicos con los cubanos
sospechosos de inclinación separatista. Tal situación explica el horrendo
crimen cometido el 27 de noviembre de 1871, al exigir los voluntarios de La
Habana que un grupo de estudiantes de medicina fueran castigados sin compasión
ni demora por una supuesta profanación de sepulcros de prohombres del
integrismo.
Sometidos
sucesivamente a dos consejos de guerra en el espacio de dos días, porque el
primero de los consejos no sentenció con la dureza exigida por los voluntarios
a ocho estudiantes: Alonso Alvarez de la Campa, José de Marcos Medina, Carlos
Augusto de la Torre, Eladio González de Toledo, Pascual Rodríguez y Pérez,
Anacleto Bernudez, Angel Laborde y Carlos Verdugo fueron condenados a muerte y
fusilados el 27 de noviembre de 1871 en la plaza del Castillo de la Punta y más
de treinta resultaron sentenciados a penas de reclusión, sin que se les probase
que merecían ningún castigo. Asumió la defensa el capitán Federico Capdevila y
Don Nicolás Estévanez, oficial del ejército español, quien rompió su espada en
señal de protesta. Durante aquellos sucesos "nadie se ocupó de averiguar
la verdad de los hechos". Años después, un hijo del periodista Gonzalo
Castañón, cuyo nicho se decía había sido profanado por los estudiantes,
reconoció públicamente que aquel sepulcro no tenía señal de haber sido abierto
ni lastimado. Así vino a quedar en claro que los alumnos de medicina habían
sido inmolados por haber nacido en Cuba, por ser jóvenes y haberse dedicado al
estudio; lo que era bastante para merecer que los integristas los catalogasen
entre los enemigos del régimen de opresión e injusticia imperantes.
A partir del año 1959, al triunfar la revolución comunista, Cuba volvería a padecer múltiples hechos parecidos en una situación que se extiende ya por más de 42 años: el "comandante general" de la Isla, el tirano Fidel Castro, ordena el fusilamiento de miles de miembros de la Fuerzas Armadas Constitucionales, sin juicio legal, con el sólo propósito de sembrar el terror y el pánico entre la población, encarcela a cientos de miles de cuidadnos indefensos, confisca las propiedades sin compensación y toda Cuba pasa a ser propiedad del Estado Comunista y su poder absoluto y totalitario. Un grupo de aviadores de la Fuerza Aérea Cubana reciben una sentencia absolutoria y por orden de Fidel Castro son juzgados de nuevo, y condenados a 30 años de prisión. El 13 de julio de 1994 el dictador ordenó el asesinato, ahogando por la fuerza a más de 40 refugiados que buscaban escapar de Cuba comunista, incluyendo a 21 niños. El 24 de febrero de 1996, Fidel Castro fue el autor intelectual del asesinato premeditado de 3 ciudadanos norteamericanos y un residente norteamericano en el derribo por aviones de combate Migs cubanos de dos avionetas desarmadas en aguas internacionales, asumiendo él la responsabilidad personal por los asesinatos de los patriotas: Armando Alejandre, Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Morales. Igual que en 1871, en 1959, 1994 y 1996 el camino siempre ha estado plagado de tragedia, porque son los hombres por ambición de poder los que no saben medir la dimensión de los problemas y contribuir a solucionarlos, siendo los pueblos los que sufren y padecen...
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11/27/00