¿Cómo y, cuándo?

Por

Francisco H. Tabernilla

 

 

El tirano de Cuba, Fidel Castro, se encargó de confirmar personalmente ante miles de personas la especulación que siempre había existido sobre su precario estado de salud. Hace tiempo ciertos signos observados en él comenzaron por preocupar a los diplomáticos de diferentes países acreditados en Cuba. Las intervenciones esporádicas de su hermano Raúl trayendo a colación el estado de salud de Fidel Castro sin que nadie le preguntara sobre el particular, pero notados por el pueblo que observaba con estupor la falta de coherencia en sus discursos; notas y papeles extraviados, los soliloquios incomprensibles en que se sumergía, en fin, los rumores confirmados por el propio Raúl Castro en que se supiera que si fallecía Fidel Castro el régimen se mantendría a toda costa y la Revolución continuaría ejerciendo su poder “para garantizar el progreso de la nación”, que ha hecho cenizas su hermano con la ayuda de todos ellos, agregamos nosotros y, más ahora, que los ricos del “club de París le han negado crédito al gobierno cubano y los brasileros han abandonado Cuba sin encontrar petróleo”, como nos dice el profesor Luis Aguilar León en su reciente artículo en El Nuevo Herald: “Comandante, no se nos fugue”.

         Lo cierto es que el sábado 23 de junio del 2001 cundió el pánico en la cúpula dirigente de la “Revolución comunista anti-norteamericana”, como así ha querido el “comandante en jefe” se identifique su revolución destructiva e implacable contra el pueblo de Cuba.

         Ahora resulta que, según la prensa,  la muerte de Fidel Castro pondría a Estados Unidos en un dilema ya que las tropas y la Marina de Guerra, serían puestos en estado de alerta extrema y Washington se encontraría ante una significativa disyuntiva sobre cómo tratar a su sucesor o sucesores, según estiman connotados analistas: “Washington tratará de interpretar las señales, analizando las palabras que pronuncien los que queden al mando”. Ellos se preguntan: ¿Se levantará el pueblo en masa cansado de tanto crimen, miseria, explotación y latrocinio?  ¿Se desplomará estrepitosamente el régimen comunista? ¿El sucesor designado Raúl Castro podrá controlar el poder? ¿Las distintas facciones que existen en las Fuerzas Armadas desatarán una guerra interna por ejercer el mando? ¿Será factor determinante el exilio cubano? ¿Se impondrá la disidencia en Cuba?

         Fidel Castro es en realidad la representación de “un uniforme vacío”. Ha perdido sus facultades mentales y no está en disposición ni postura para mandar ni dirigir a partir del episodio de El Cotorro.  Mientras ocurra el desenlace esperado de su fallecimiento a la nación la gobernará desde el sábado 23 de junio  un “liderazgo colectivo” que puede estar funcionando desde hace mucho tiempo cuando en 1987 durante una sesión del Consejo de Ministros, el “comandante en jefe” sufrió su primer desmayo, dando síntomas inequívocos de un hombre enfermo, siendo sacado secretamente del lugar y ocultándosele al pueblo lo sucedido. Su deterioro físico ha hecho crisis y las medidas de control cuidadosamente planeadas y estudiadas por el Partido Comunista se han puesto en práctica con el fin de evitar disturbios y una explosión popular de la cubanía al contemplar con incertidumbre, pero con fe, que se acera la Libertad y el cese de la humillación y el despotismo en la patria de Martí, Maceo y Máximo Gómez.

  

ACLARACIÓN : En mi reciente artículo “Hechos importantes que pasan desapercibidos” me referí al Hotel Habana Hilton construido por una firma estadounidense y expropiado por Fidel Castro poco después del triunfo revolucionario.

El Sr. Ramón J. Balboa, residente en Miami, aclara en El Nuevo Herald: “El hotel Havana Hilton fue construido y financiado con dinero de la Caja del Retiro de los obreros cubanos del sector gastronómico, quien lo arrendó a la cadena Hilton para operarlo y administrarlo. Además, el hotel no fue expropiado, fue confiscado. Expropiado connota que hubo algún tipo de compensación para sus propietarios por parte del gobierno. En este caso como, como todo en la Cuba de Castro, el hotel les fue robado a sus legítimos propietarios, sin ningún tipo de indemnización ni compensación. El precio que tienen que pagar los servicios de prensa extranjera con oficinas en Cuba es no reportar noticias que puedan encolerizar a Fidel y comparsa, lo cual puede resultar con su expulsión de la isla”.

 

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6/25/01

 

 

 

 

 

    

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