Error tras error

Por

Francisco H. Tabernilla

 

El próximo sábado 25 de diciembre es Navidad, el nacimiento del Niño Jesús, el acontecimiento más trascendental de la historia y de la vida humana, el Hijo de Dios, que nos trajo la Buena Nueva. En el destierro, los cubanos, sin perder nuestras esperanzas, llevamos esperando 40 años el retorno a una Patria Libre, donde no mande un tirano que ha envilecido a un pueblo digno y honrado que lo arrastra como un huracán sin rumbo al abismo, la miseria y la desesperación.

          Todo este drama comenzó cuando el  gobierno del Presidente Eisenhower decidió eliminar al gobierno constituido el 17 de marzo de 1958 al suspender la venta de armas y municiones a las Fuerzas Armadas Constitucionales, para brindar incondicional apoyo al guerrillero comunista Fidel Castro Ruz. Los errores se pagan y este error garrafal de Estados Unidos lo estamos sufriendo los cubanos y los propios Estados Unidos, pues no hay día que pase en que el tirano no se ensañe en su odio mortal a este gran país, cuna de la democracia, creando con  su malévola intención un problema cuyos resultados siempre pudieran perjudicar la condescendencia y los sentimientos humanitarios en que se basa el sistema democrático y surja él como el que todo lo puede lograr y tergiversar a su manera para satisfacer su egocentrismo y falta de pudor que no respeta ni derechos ni fronteras que no sean las que su propia mente dictamine.

          Este drama que ya se extiende a los 41 años, se inició culpando a las Fuerzas Armadas y a los Oficiales Superiores, sobre todo aquellos en operaciones en la Sierra Maestra de no combatir como era debido a un enemigo que sólo presentaba combate cuando en emboscadas traicioneras mataban a nuestros soldados desapareciendo como por encanto. Los comunistas sostuvieron una campaña de descrédito contra nuestras fuerzas, inclusive, acusaban a los jefes de venderse por dinero. Esta calumnia, sostenida y creída por muchos, hizo gran daño al prestigio de las instituciones armadas. Se han publicado decenas de libros escritos por actores de aquella contienda y no hay un solo autor que haya podido presentar una sola prueba o un sólo hecho de esta naturaleza ni el nombre del oficial o de los oficiales involucrados. Fidel Castro desembarcó en Las Playas de las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. El 3 de diciembre de 1956, a las 9:30 p.m., llegó al pueblo de Niquero, el Batallón No. 1 de Artillería de Costa al mando del Comandante Juan González y como los alzados llevaban una ventaja de 24 horas le ordenó al Capitán Juan Moreno Bravo (bravo entre los bravos y valiente entre los valientes, militar que siempre peleaba de pie con la pistola en la mano derecha) que inmediatamente se dirigiera a Sevilla Arriba y Agua Fina, sorprendiendo al enemigo el día 5 en Alegría de Pío, donde se producen bajas por ambas partes. Debido a las explosiones de varias granadas tiradas por el enemigo se produce un incendio en el cañaveral donde se combate y tanto las tropas como el enemigo tienen que abandonar el cañaveral. El 6 de diciembre llega a la Zona de Operaciones el General Luis Robaina Piedra enviado por el Presidente. Ordena al batallón que se retire a Niquero, porque una avioneta  tirará unos volantes impresos pidiendo a los alzados que se rindan. El Comandante González envía un mensaje en clave al Estado Mayor del Ejército pidiendo una prórroga de varios días al saber el lugar donde se encuentra Fidel Castro, contestándole el Estado Mayor que regrese a La Habana pues sólo queda una labor de limpieza de la Guadia Rural a cargo de los escuadrones de Manzanillo y de Bayamo.

          La historia recogerá en su día el reconocimiento a los cientos de oficiales y soldados que se mantuvieron firmes en el cumplimiento de su deber: coroneles Merob Sosa García, Rafael García Casares, Ugalde Carrillo, Pablo R. Corzo, Angel Sánchez Mosquera, Leopoldo Pérez Coujil, Ignacio Leonard Castells, Pedro A. Barrera Pérez, Armando Echemendía Leiva, José de la Campa Méndez, Nelson Carrasco Artiles, Armando Suárez Suquet, Joaquín Casillas Lumpuy, Arcadio Casillas Lumpuy, Cándido Curbelo y del Sol, Artemio Pérez Díaz, Pedro Valdivia; comandantes Roger Rojas Lavernia, Armando Acosta, Ramón I. Martínez Morejón, Noelio Montero Díaz, Esteban Pérez Pantoja, Jesús Sosa Blanco, Orlando Enrizo, Ignacio Gómez Calderón, Abon Lyn  y tantos otros...

          Error táctico: "al enemigo hay que perseguirlo hasta su total destrucción para evitar que se reorganice". Fue una orden presidencial y había que cumplirla.

          Corneta: Toque silencio en memoria de nuestros compañeros fusilados.

 

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12/21/99

                         

           

 

 

 

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